El verano sin ti
Es Enero, como siempre el caliente inicio de un nuevo año y la magnifica ilusion de que a pesar de todo, el tiempo no corre en presente, si no en futuro esplendor de no se que ideas nuevas y locas. Pero es el verano reclacitrante y el humor desbordado por tanto escote y tanta pollera al viento, porque es verano y no hay posibilidad de ocultarnos de el.
El ventilador destila sus aires electricos con metalico fervor de luminaria y mis piernas se sienten nuevas, cuando tengo el placer de regresar a casa, despues del mercado y el recorrido matutino de las calles, en direccion y posisicion intrusiva de una sombra colateral y amable, porque el termometro ya marca 30. Pero es el verano, siempre derretido y abrumador en estos parajes de valle mediterraneo y cordillera andina detras, con la promesa del agua bienvenida de algun rio cercano o hasta la piscina de junto...o bien la regadera y el chapoteadero en las lozas del patio. Cualquier esfuerzo es valido, tratando de capear la temperatura siempre en aumento, resquebrajante, dorada y convulsa.
Mi vida parece detenerse en este paroxismo de verano y rayos solares, en este constante fluir de gotas de sudor y mañanas lentas, casi fallecientes de un hilo, de los duraznos del desayuno y el desanimo de una noche larga, esperando que llegara el fresco por la ventana abierta. Pero no todo es tan malo, porque cuando la piel siente ese roce inconfundible del sol abierto y sin ozono, no se achicharra, se adecua a la sensacion de brillo y desnudez agradable en la espalda, los hombros, las piernas, el pecho y no extraño el cortejo de las prendas que sobran, ni de las telas que abultan la resistencia del sol y del capricho veraniego, mientras corro como una cria a pie descalzo y sonriendo.
Es el verano del fin del mundo, evocativo y audaz, desnudo y sensual, ardiente y procaz. El verano que restaña un incierto invierno del otro lado del mundo, que aprisiona su luz como en un frasco de conserva y lo guarda para aparecer malevolo, cuando tanto lo extrañamos, cuando lo echamos de verdad de meno y nos quejamos del frio invernal, como si no fuera parte total de la naturaleza y las estaciones del año.
Pero es que el verano nos saca a flote y nos alegra el cuerpo, creando la suficiente resistencia para volver a esperar por el, otra vez y una vez mas. El verano nos llena de energia, para sobrevivir a la oscuridad, para pasar por todos los estados, para luego regresar en cueros, con el vestidito rojo y las sandalias, con aquella botella de vino que te prometi, y el encuentro siempre ardiente de nuestros labios, de nuestros cuerpos infinitos por sobre el tiempo.
Algun dia prometo, el verano volvera contigo, a cubrir el universo rojo y fluido del sol, pacificandolo todo con la basta mirada de verde y la ilusion en vilo, con el amor exhuberante y la piel tan ductil al roce supremo de tu mano. Pero como todo en verano, el futuro no apura, solamente vivir el momento y saber que el dia que nos queda, aun es muy largo.

