Pastilla para Dormir
Algo sucede en Chile, algo que definitivamente no esta bien del todo, algo que marca el rictus depresivo de las mujeres, que las hace verse oscuras a pesar de todos los colores que se impongan, algo en la curvatura de su espalda que denota, que mas que llevar la vida adelante, cargan con el bulto de estar vivas. Con una mirada triste y seca y unos ojos que ya no brillan, a pesar de todo el bello fulgor de las flores.
Algo ocurre en esta naturaleza femenina nacional, que les esta consumiendo el luminoso y lustrado diamante de una sonrisa, sin necesidad de esperar bella y humilde recompensa. Algo hay tras la bambalina decolorada de sus pestanas, que denota la tristeza alojada en el pecho, el diapason oscuro de una pesadilla, la falta de alegria.
Las mujeres chilenas, por generaciones, han puesto la felicidad fuera de si mismas, en los otros, y se han sostenido en ser la esposa de alguien, la madre de alguien, la hija o hermana de alguien. No son por si mismas y mucho menos, saben como hacerle para ser feliz dentro y no fuera. Yo he vivido rodeada de mujeres casi toda mi vida, y me conozco de memoria los truculentos laberintos de un ser, para no saber donde aprieta el postigo, donde calzan todas las desdichas y donde se aparatuja el corazon. Y no se trata de tener dinero o posibilidades, si no que simplemente, de ser.
Porque mi teoria de que todos estamos programados para hacer infelices a las chilenas, no es siquiera muy remota. No hay con que contentarlas, cuando ellas no han podido siquiera aceptar quienes son, ni quererse como son , ni mirarse al espejo y sonreir porque son lindas, o descubrirse con todas sus gracias, siempre la raya para la suma va quedando en deficit y no hay fuerza terrena y divina que le achunte, cuando es una misma la que se niega el derecho de ser feliz y a toda costa.
Si en una ocasion el terapeuta pregunta, cuantas mujeres en la sala toman pastillas para dormir, y yo soy la unica que no levanta la mano, es que algo malo de verdad ocurre y no porque yo no haya pasado noches en vela, si no que por el simple hecho de que las mujeres iban desde la veintena a la cincuentena y todas, sin excepcion, tomaban pildoritas para conciliar el sueno. Mujeres dependientes de una droga por decadas, imposibilitadas y negadas a enfrentar la realidad, de que la vida a ratos es una buena porqueria y que mas vale salirse del esquema, que vivir apuntalandolo con quimicos.
El camino del darse cuenta o awarness como le llaman los gringos, es largo, culebrero y dificil, pero si ni siquiera hacemos el intento, entonces no le hechemos la culpa despues al marido y los hijos que no han hecho nada para hacernos feliz, porque la felicidad radica en una misma, en descubrirse y quererse, saberse imperfecta y disfrutarlo.
No hay recetas para dejar de lado la pastilla, simplemente curarse a si misma, enfrentar los problemas y resolverlos, dejar al marido, pararle el carro a los hijos, olvidarse de las amigas envidiosas, dejar de pensar que van a pensar los otros, atreverse, jurarse regia, mina, diva y comprarse unos lindos zapatos, dejar la eterna dieta y disfrutar la comida, irse a la playa con un nuevo bikini, comerse un helado, saborear el aroma de un beso, sentirse deseada y desear que todo se puede, dejar de contar cuanto me falta para llegar a los 50 y comenzar a sentir que lo mejor de mi vida esta por venir. De seguro el tratamiento es mucho mas largo, pero no importa, porque uno vive el ahora, el presente, y ese hay que vivirlo de la mejor forma posible, porque es sabido, que uno no dura para siempre.

