El desasosiego
Alguna vez le escribi que mi desasosiego era tan inmenso y aun asi, seguia adelante con mis dias y mis noches, con el repiquetear de la insistencia y el desborde de la pasion, aferrada. Atada a su corazon hasta la muerte.
Alguna vez que ya no es hoy y que no importa, porque nuevamente estoy de paso, de saltimbanqui de las distancias antagonicas, del otro lado del mundo, de la pluviosa simetria del cuerpo. De ese vivir en transito y transitar para vivirlo, sin miedos, mas bien abruptamente y sin pensarlo, solo hacerlo.
Entonces, los retazos de mi vida que son retazos de otras vidas, se entremezclan, se fraccionan, se hurden y se entretejen como una bella red, como la trama de aquello que soy por suerte o destino de las fibras que se fueron entrelazando, enredando, doblando hasta dar en cuenta quien soy y por que soy.
Y me miro frente al espejo de la tienda y me reconozco como mi madre, como a ese ser autenticamente desproporcionado, como sacado de una novela de realismo magico, tan contradictoria en si misma que no habia caso que no fuera todo un personaje. Y veo bajo mis ojos esos otros ojos que buscaban la realidad y la belleza, y siento bajo mi piel los imperativos de la sangre y la matirarca, dando sus ultimas ordenes, soltando las ultimas decisiones antes de emprender la partida.
Fiel heredera de lo que me has heredado, hasta el lavado de camisas y la preocupacion por los ganchos de las rosas, el amor incondicional a un buen par de zapatos y la cartera al tono, la pilcheria en la cama para lamentarme de que no tengo nada que ponerme, aunque el closet este lleno. Los aros, los panuelos al cuello, la tenida, el deseo de aquel traje. Madre padre y hasta hija de la misma persona.
Es muy complejo poder explicar cuanta falta hace en el portafolio, su risa, su sonrisa, sus ideas locas y su vuelo de colibri diminuto en la ventana de mis ojos. El desasosiego me viene cada vez que despierto, cada vez que toco la fria realidad de que no esta, de que este no ha sido un puro sueno. Sin embargo, ella misma me dio la fuerza para seguir, para continuar recorriendo las calles, para ponerme al mundo por montera.
Es una extrana herencia la de mi madre, pero es una herencia para aprender.
Te quiero mucho Luisa y me haces mucha falta.

