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La Coctelera

Nadie me escribe!!!!!!!!!

Una eficaz forma de comunicación.

23 Marzo 2011

Conversaciones con mi madre

El desayuno era un buen momento. La tranquila estacion de las mananas, cuando las ideas estaban frescas, cuando el sol comenzaba a deborar la orilla de las cortinas, cuando el universo estaba sereno.

Y de que hablabamos? De todo y de nada, de la comedia de la noche, del vestido de tal actriz, de las cuentas impagas, del lavado de ropa, de sus amigas, de mis amigos, de la politica, de los amores, de mi hermano, de mi padre, de las flores y el techo de la casa, del repuesto del auto, de mi abuela, de los viajes, de las pilchas, de los pantalones blancos, de Dios, de la rabia, de la vida, del silencio. Y asi, se nos iba parte de nuestros dias juntas. Programadas para hacer mil cosas y cumplir con todos los compromisos que nosotras mismas habiamos adquiridos.

Yo ingresaba a ese universo luisiano, con el permiso de una vieja conocida, compartido por largo tiempo. Estaba autorizada en mi calidad de hija, en mi calidad de testigo de la vida de mi madre, de observadora y feaciente espectador en la primera fila. Como yo, muy pocas personas deben haber conocido partes del encaracolado y desconfiado percibir de mi madre, de su critica y acuciosa mirada, de sus rabias y sus frustraciones. A mi me toco todo lo bueno y lo malo de su caracter, desde la alegria extrema hasta la fatalidad de sus depresiones. Desde su llano caminar, hasta el truculento destino que le daba a sus dramas. No era una santa, es mi madre, tal cual como una mujer imperfecta y tambien, muy real. Sin embargo, por sobre todas las cosas lo que nos unia y siempre nos mantuvo a flote en nuestra relacion de madre a hija, fue el amor. El amor incondicional de su cuerpo menudo por mi, por mis hijos, por mi mundo. El amor suavecito y calido que yo sentia cada vez que me acostaba a su lado, cada vez que nos abrazabamos.

Ese mismo amor era el que nos profesabamos cuando yo la iba a ver al hospital, en sus ultimos dias en esta tierra, en la ultima despedida. Alli estaba ella, con su nariz recta, delicada, pero de expresion fuerte. Nunca abatida.

Ahora, cuando tomo el desayuno me siento a solas en la gran mesa del comedor, y puedo escuchar sus palabras, puedo sentir sus pasos en la cocina y el mate con su bombilla plastica sigue en el mismo lugar, con un poco de agua y mucha azucar, para tomarse los ultimos remedios. Y luego viene la conversa, las reflexiones del dia a dia, las risas, los avisos y las advertencias, pero siempre al final, con un buen sabor en la boca, con muchas cosas que hacer, con un universo que resolver.

Las conversaciones con mi madre continuan, nunca finalizan, porque hay tanto que compartir entre ella y yo.

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Hace un tiempo largo que abrí este blog, con el único cometido de expresarme, de buscar mi beta, de encontrarme a mi misma y a los otros. La vida para mí es una eterna búsqueda y en eso persisto. Compartir mis mundos a través de las letras, es mi necesidad. Por eso este blog permanece, aunque Nadie me escriba. Creative Commons License
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