Public Face
En el silencio oblicuo de la ventana, veo desgranar la tarde sus colores miel y cobre, y el aroma oculto del pasto, trapasa la puerta. No es mucho, es el verano trasgresor que cubre el destino y no ceja. Pero que mas se le puede pedir al verano que su negligencia y sus pocos matices, con esa luz tan rauda y directa.
Sin embargo, escucho el ruido necio de la rafaga, de la briza atenasante de la lluvia, de los rayos proyectando la boveda del cielo, del sonido inconcluso de la distancia. Uno elige y elige bien o mal, pero lo hace con plena conciencia o sin ninguna. Como dejandose llevar por la rudimentaria letania de un amor.
La dualidad de mi vida, el pendulo siempre cimbrante de un extremo al otro del exterminio, de la avaricia ay la falta, de la alegria al llanto. No iba a ser distinto con la vida, en que pretenezco a dos mundos, pero ninguno en realidad me pertenece. Escucho tantos no en casa y dejo de escuchar el eco de mi propio acento, cuando me alejo. Y el humbral se abre sobre la sien.
No es facil definir el sentimiento, simplemente esta que late y la practica ceguera no sirve para lo que viene. Abrir bien los ojos, otear las venas, dilatar las fosas nasales y nuevamente recorrer el mismo camino a solas. No me quedo, ni atada me quedo con la letra en ristre y los verbos apilados, en el fondo del tacho de mis suenos. No Senor, nada de medias tintas, cuando piden que la tinta sea derramada y los versos escapen y salten, mientras la despedida no nos aparta, si no que nos hace estar de otra manera.
Hace un siglo, el tiempo y las distancias eran eternos, pero ahora, nada queda muy lejos ni esta a muchas horas del cuerpo. Uno se adapta, se arregla, se arma, se acomoda y sirve para otros epitetos. La vida es lo que me hizo antes y lo que me va a hacer despues. La vida es tan corta y las alegrias no son tantas, como para andarlas desperdiciando.
Olor a moho, en la delicada luz de la tarde que cruza el prado siempre verde, de mi casa en Nottingham.

