La Gran Batalla
No hay recetas para alguien que ha vivido en el limite de la obesidad toda su vida. Que ha ganado batalla tras batalla en contra del peso y las ha vuelto a perder todas, para encontrarse usando los mismos horribles pantalones que tenia olvidados en el armario, porque no los iba a usar mas. Tanto ver ropa bonita y conformarse con las tallas grandes y volver luego a la misma tienda con 10 kilos menos y enrostrarle a la vendedora, que cuando yo era talla 50 ella me dijo que buscara en tiendas especiales. En fin, volver de la humillacion al circulo de las preciosidades y volver nuevamente a caer en el mismo agujero.
No hay dieta, ni razonamiento genetico, ni siquiera tratamiento milagroso que me deje tranquila de que nunca mas me voy a tener que preocupar por el peso, por los kilos demas y las redondeces que me sobran, que me atosigan la guata, justo cuando me acomodo para escribir este post. Puedo volver a ser la flacuchenta regia que sonrie cuando se mira en el espejo, pero detras de mi esta la Marcela gordita, flatulenta, fofa, que me persigue desde chica, desde que la razon me alcanzaba para comprender que era la mas gorda de mi curso, la que tenia las piernas mas rellenas y la que odiaba mas las fotografias, porque siempre el fotografo se encargaba de mostrarme en la peor pose posible, donde se escapaban los royos a vista y paciencia.
Yo nunca he sabido lo que es tener la barriga plana y despues de dos maternidades, a pesar de bajar de peso, el abdomen cuelga como en un delantal. Pero no es tan tremendo, porque en epoca de flaca, todo me queda bien y se discimula, excepto cuando me tocaba meterme a la cama con alguien y tener que quedar desnuda frente a unos escrutadores ojos, que no miraban con candor lo que es mi historia fisica de subes y bajas.
La conciencia abultada de mi registro de gordita, siempre me ha hecho verme dos veces mas grasienta y rellena de lo que estoy, pero me cuesta mucho vivir con la gordita en paz, cuando una flaca regia pugna por salir a probarse ropas y atuendos que me encantan. Entonces, de flaca soy genial y de gorda, soy patetica, porque trato de ajustarme pantalones y prendas que en realidad, ya no me quedan, pero la imagen de aquella prenda en vision de flaca, me parece genial y me termino comprando ropa dos tallas menores y las guardo y las aguardo por siglos dentro de las gavetas, porque lo unico que me queda, es imaginarme con ellas. Y cuando finalmente bajo los kilos, la prenda me queda grande, no se ajusta a mi nueva figura y nuevamente, vuelta a la gaveta.
Tampoco soy capaz de establecer un termino medio, porque como yo soy de extremos, o voy de un lado de la balanza al otro. Se que hay un equilibrio, que he logrado muy pocas veces en mi vida y varias otras, he tenido que accidentarme de la espalda, para comprender que el unico remedio, es bajar nuevamente de peso. Un oscilar constante entre la belleza y el rechazo, entre la felicidad y la angustia de que nada me entra. Entre la aceptacion y el desprecio.
Ahora, al fondo del agujero como tantas veces, me miro y todo sale de su norma. Mi madre pretende que me ve, pero desvia su mirada en busqueda de algo mas grato a que hecharle el ojo encima, como ella misma dice, que la belleza se expresa en la delgada consecuencia de un cuerpo. Mi pareja, el Gringo, me dijo al inicio de nuestra relacion que esperaba que yo bajara de peso cuanto antes, porque no le gustaban las mujeres obesas y me dejo con un agujero tremendo en mitad de mi harto reducida autoestima. Me enfereme y por recomendacion medica, debi hacer una dieta estricta. Baje mucho de peso, pero tampoco fue la gran cosa, porque nuestra vida era un caos tremendo.
Entonces, la batalla nunca la gano o la pierdo, es simplemente salir nuevamente a intentarlo. Mi equilibrio no tiene que ver con tratamientos milagrosos, ni siquiera, con los requeriemientos egoistas de un amor. Tiene que ver con descubrir dentro de mi al ser maravilloso que siempre ha estado, permanecido y vivido dentro de mi, sin importar cuanto marca la balanza.

