Human Touch
Metida entre mis cosas, que aparecen ser las cosas de la negocia, las cosas de producir y rendir cuentas al infinito, de los más mínimos actos de mi visceralidad empresarial, con la misma pasión que enrostraba la pluma y el puño hace como tres años atrás. Con esa desmedida suma de los días en que la realidad abrupta me pone a responder mails de trabajo y nada de contacto real, del vericueto ensordecedor de una prosa sanguinaria y libre, de un reguero de sensaciones y matices corporeos puestos en el papel de mi vida.
Entonces, después de haberlas visto muy coloradas, de haber aprendido a sufrir en silencio los infortunios y las maldades de las personas que me rodeaban, de reconocerme mínima y fortalecida por algún tipo de extraño influjo de fuerza y corazón con cabeza fría, veo que el Human Touch me falta, que necesito los corporales de este espacio que retroalimenta mi ego, que me hace subir y bajar escalas del universo, desatada y maravillosamente vital.
Están los dos putos libros y claro que me quiero marchar, claro que quiero dejar la cuerda floja del observatorio y plantar mis pies en tierras donde la fecundidad no moleste y simplemente sea uno por sus gracias, por los dones dados a la bajadita de los cielos. Con la capacidad de multiplicarlos a pesar de las dudas, los resuellos, las lastimeras configuraciones de un alma achurrascada de humo de cigarro y mala disposición.
He aprendido, nunca dejo de hacerlo. No pesa en mi espíritu el haberme equivocado tanto y el seguir persistiendo en lo mismo, pero hay días que quisiera mi sagrado desayuno con estas letras, con este vaporizar mis horizontes siempre más allá de donde llega el simple sueño de atravesar las distancias, de volcar las pasiones por sobre las letras, de dejar correr el flujo del verbo.
Me hace tanta falta volar, lo reconozco. Reconozco que muchos viven sus vidas apretujando los entrecejos y atando el cuerpo a algo tangible como la tierra, como la familia o bien, como las inmundas pertenencias de dos sillones y una cama desvencijada. Cobros infaustos para rematar cualquier bruma de esperanza. Pero yo no soy así, no quiero volverme vieja y desértica con el corazón apuñado y la risa retorcida, con los ojos vidriados de no querer ver la bondad donde se encuentra.
A pesar de los negocios, me gusta sentir que soy la misma de siempre, que seguiré siendo la misma cuando comparezca en letras toda la vida que me toca. Todo el universo que atravieso con solo dejarlo por escrito.


Alterego dijo
Mar, nadie puede reducir un espíritu inquieto. Mientras circule sangre por tus venas y el genio alado repose en tu pecho. Felicidades prenda.
25 Noviembre 2009 | 01:27 AM