Nostalgias de lluvia
El viernes me voy a vivir al campo. Es una aventura porque no me imaginaba que en menos de un parpadeo, la bucólica expresión de mis sueños estarían a la mano.
No me imaginaba, como no he logrado imaginarme tantas cosas y seguramente, me gustaría dejar la chalupa quieta y el alma dispuesta para sentarme en el corredor de la casita de campo, a sentir la briza frugona y los marchitares colibries que pasan raudos hacía el poniente.
Me imagino que en las tardes, cuando el sol vaya perdiéndose, veré a mis hijos corriendo por el patio del fondo, perseguidos por un perro lanudo y un gran pastor alemán, fiel como la más fiel de las almas. Sacaré mi máquina de coser y haré maravillas para los regalos de la pascua, arrelingaré las cortinas y volveré a bordar a punto cruz las toallas. Algo me indica que con mi computador tendré solucionado el tema de los libros que vengan, podré sortear sin problema la historias que se agolpan piñiñentas y sofocantes, por tratar de parar empresas multimillonarias.
Me gusta tan sólo pensar en la simpleza de una vida que supongo, viviré con el ritmo de la naturaleza. Todo quedará más lejos, pero a la vez mucho más cerca de lo que necesita el espíritu inquieto. Un refugio al fin, una casa cubierta de sueños y enredaderas.
Me gustaria, por lo tanto, poder cruzar nuevamente las fronteras de eses espacio maldito llamado Atlántico y contarle. Contarle de que la ventana de mi habitación da hacía el volcán decapitado, que los adobes centenarios rechinan y las tejas de cerámica cocida, no dejan entrar ni el frío ni el calor. Me gustaría tanto poder invitarlo a volar conmigo por sobre esos campos, con la florida manutención de las palmas chinas y el canal lleno de patos, mientras el Migue me dice que vió un pescado y el Joaquín se ríe de lo lindo, con sus flores y sus lavandas.
Todos en un reino simple, limpio y dulce, como estas nostalgias de lluvias vividas en otras circunstancias, en otras latitudes donde mi corazón aún palpita, truena, evoca.
Esa necesidad de pertenecer y al mismo tiempo, abrir las alas para llegar mucho más lejos. Ese cerrar mis ojos y encontrarmes con los suyos...seguramente hasta que esté muerta, hasta que nada quede en este mundo de ambos, ni siquiera la historia loca de la España, ni los lamentos y los besos porque hay ciertos sueños, que no fueron posibles.
Ojalá él pudiera ver lo que yo voy a ver, sentir el olor a la tierra mojada y oscura después de la lluvia y plantar conmigo al sol, las nuevas ilusiones de nuevos sueños....pero esta es mi vida, tal cual a mi se me ha antojado vivirla.
Un abrazo en la distancia, me gustaría llegarte desde tan lejos y contarte que me voy a vivir al campo...


Gabriela dijo
Hi...que fabuloso...vivir en el campo tambien es uno de mis sueños, nada mas hermoso que la tranquilidad y el pseudo silencio de la naturaleza...desde la distancia te deseo mucha suerta en esta nueva odisea.
31 Agosto 2009 | 12:37 AM