Honor
Esta palabra, en épocas que otras toman vital importancia, parece no perder su sentido a pesar del paso del tiempo, a pesar de la resistencia de los materiales, a pesar de que parece mucho más fácil dejar de tener honor.
Si mi vida la resumiera como una novela, ahora se estarían viviendo los capítulos más truculentos de la trama, porque los que se decían mis amigos, han mostrado cuan afiladas tienen las garras detrás de mi. Cuan punzona es la cobardía de enfrentarse a los hechos, que prefieren lanzar estocadas desde la oscura infamia del deshonor.
Si fuera por dinero, me hubiera quedado pegoteada de alemanes y vendido mi alma al diabólico mal de las lucas. Cortado a retazos mi espíritu y rociado de hipocrecía el camino. Pero algo debe de haber dentro de mi, que por más buena que se vea el dorado fulgor de los fajos, no me he podido convencer de perder mi honorable y pobretona figura.
Lo de la pobreza material tiene fácil remedio, pero la pobreza de espíritu creo que es peor que un cáncer, porque finalmente no sólo extermina al portador, si no que ensucia y degrada todo lo que lo rodea. El egoismo, la avaricia y la desconfianza cumplen una ritual que no deja nada bueno a la vista y por lo mismo, yo trato de navegar con lo poco, pero honrado que tengo.
No debo partidas ni arreglines a nadie y es más, no vendería mi honestidad a nada y a nadie, porque mi naturaleza me dicta que sólo haciendo aquello que es bueno, voy a tener lo que es bueno de regreso a mis pies.
No me creo lo que no soy, pero tampoco dejo de considerar mis gracias floridas que alegran el alma. Tal vez mi transitar sea como micro de campo cargada de colores, achaparrada de bultos y contagiosa alegría, achicharrada de participantes en la fiesta del viaje, pero no voy a comenzar a cobrar por el placer, ni siquiera por el paisaje.
Pero me duele la traición en su más baja y funesta daga, cargada de mentiras, poblada de rencores disfrazados de amistad que no es tal. Sin embargo, yo también estaba en las sombras, aguardando el pasar de la vida cuando he visto el cortejo, cuando he apreciado en la distancia que el valor no se muestra, porque la artera confabulación persigue mis pasos.
El saber, de alguna forma me ha dado el poder inesperado de bailar un tango agazapada y en la sombra. Saber lo que otros no saben está ahora mostrando un resultante, una ruta que no estaba en mis planes. Sin embargo, no tengo más que honor para seguir adelante, más que la fuerza de mi corazón y una sonrisa abierta y franca.
Los que padecen de deshonor están allí, casi al alcance de mi mano, casi rozando mi piel con sus cuchillos, y a pesar de eso, las espadas pasarán blandiendo a mi lado, corriendo hasta la muerte, muriendo en el olvido de los rencores no resueltos de sus vidas, nunca de la mía.
El cáncer de las mentiras comerá sus caras, someterá sus corazones a las aves de rapiña, a los soles latigantes de ser descubiertos, de ser puestos al descubierto por su falso honor, por sus podridas ventas de alma, al mejor postor que termina siendo siempre el mismo diablo.
Dejar ser la última rueda de la tramoya, dejar la piel en blanco y mis ojos abiertos. Todo pasa en esta vida, y yo voy a comenzar una nueva. No tendría entonces, por qué llevarme el rencor conmigo. Ahí están los que se dicen mis amigos, pero que no lo son. Todo volverá a su curso, tan pronto como queden atrás, en el camino.



Misha delatorre dijo
Hola Marcela... Un Saludo desde Mexico!!
Me llamo la Atención la Palabra HONOR. ! Bien Por Tí!
Me Gusta la lirica prosa en que lo expresas con un sin número de metaforas. Pero sobre todo esa perspicaz gracia de expresarla. Y Tienes toda la Razón... Quien se ocupa, de cuidar y prestigiar su Honor... Hoy día: es sólo una Palabra. Que envuelve para pocos, su esencia de ser rectos en actitud, que se lleva como la sangre circula por las venas, en esa necesidad de ser correcto, leal ... Son los Valores, que nos acechan, están ahi dispuestos a vivir con nuestras vidas a ser esenciales en nuestras actitudes, a ser uno mismo.
25 Julio 2009 | 08:42 PM