Ordenar la vida
Bajo el precepto de estar en movimiento, mi vida ha sido un desbarajuste el más de las veces. Un desbarajuste programado eso sí, porque seguramente necesitaba todo este despelote creativo y toda esta locura poética para encontrar mi esencia, lo primordial, lo que me da estructura y coherencia.
He amado tanto y con tal fuerza, que en el camino olvidaba otras cosas. Nunca necesité un refugio en la tierra, porque siempre el acunadero lo encontré en los brazos de mis hombres. Uno a la vez y justo para lo que estaba necesitando. Sin embargo, el sentido de pertenencia en ninguna parte, en ninguno de mis muebles y mis bártulos.
No está mal andar de errante por el mundo, es bueno para el alma y para dejar de temerle a la inestabilidad de la vida, pero ahora necesito pertenecer. Necesito encontrar un sitio que sea mío, donde estén mis fantasmas y mis obras, donde lo único que me pertenece, deje de ser sólo la vieja máquina de coser de mi abuela y la vieja máquina de coser, de mi bisabuela.
Pero quiero pertenecer con todo, no quisiera dejar a mis hijos a una hora de distancia. No quisiera ver a mis nuevos amigos, tan sólo una vez al mes. No quiero estar lejos de mis epicentros, apartada de esos terrones de materia oscura, de los lechos de ríos con rocas suavisadas por el paso de las aguas, indeterminada a la vistade mi volcán de los mil descabezamientos.
Es cierto, puedo vivir en casi cualquier parte, pero hace mucho que busco un lugar donde todo quepa, donde todo tenga el justo cobijo que le ha faltado a mi divagar por el mundo, donde las paredes dejen de ser una amenaza y me sienta protegida, amada, retenida en un hogar porque es mi universo.
Ayyyy! la pura verdad es que no me quiero ir a Curicó, porque no se parece a los campos piluchos que a mi me gustan, porque tengo que comenzar a culebrear mis impertenencias nuevamente y porque mis hijos se van a quedar en otro lado. No es esa la forma en que quiero llevar a cabo estos nuevos sueños y aletear con estas nuevas y fosforecentes alas. Sin embargo, nunca me han tocado decisiones simples, puñales de limpia hoja atravesando la realidad, cuando se aparecen soles y sombras, barbaridades y metáforas, anaqueles y poesía.
Pero más que nunca necesito ordenar la vida. Botar aquello que no es mío, deshacer los nudos parentales de lo que debería haber quedado en el pasado, tirar a la basura lo que ya no sirve, porque por más empeños que he hecho, ya no va a servir. Dejar de llevarme mi hogar en la mochila y poner las patas en la tierra, afirmada al territorio de mis ancestros, soportada por una casa que sea finalmente, mi refugio.
He volado mucho por el mundo, acarriando tan sólo manifiestos de una vida, ahora necesito la paz, la calma, el pequeño espaci que me pertenezca.


transeunte dijo
Suerte Marcela.
Partir es siempre morir un poco, viajar es descubrir pero lo mâs hermoso es cuando la nave queda firmememente amarrada al puerto.
El lugar no importa:, Londres o calcuta, Berlîn o Valparaîso, Madrid o Casablanca, Lo trascendental e importante es "tu" rancho, aquel lugar empapado con tus anhelos , esperanzas y sueños.
Personalmente... hasta un transeûnte tiene la necesidad vital de identificar su calle, sus vecinos y su barrio.
Ciudadano del mundo es sôlo un espejismo, una venta de ilusiones.
15 Julio 2009 | 08:54 PM