Despellejar el corazón
Puede sonar muy dramático el título, pero en verdad es simplemente declarar la libertad de pensamientos y la bervorrea habitual para decir lo que está adentro, muy dentro y casi encostrado.
Las cuerdas se tensan y el músculo apretuja las noches. Late, late como un loco y sigue adelante, porque no le queda otra, porque no hay descanso, paradero, detención. Vivir, vivir a concho con todas las armas que nos da la vida, pero sin agresiones, simplemente vivir.
Atado a mi está ese recuerdo de España, que es más que un recuerdo, una realidad muy atrevida y muy dolorosa. ¿lo amo, lo amé, lo seguiré amando?... no tengo respuestas para esas incógnitas, ni ya importa, porque es un hecho que la verdad tiene mil puntas, muchas más caras, muchas facetas que se despliegan a medida que el juego de la vida lanza sus dados, tira sus ases y retumba en la memoria todo lo que ha sucedido para estar de pie, nuevamente, en mis territorios.
No me importa ser imperfecta, es una gracia personal el estar agujerada por las sensaciones, por los sentimientos latinos, por el drama, la locura, la pasión y la felicidad. Todo "altiro", embutido en mi, sin espacio para largas lamentaciones, sin cuenco para las venganzas. En cierta forma, sigo siendo una ingenua y eso me gusta. No veo maldad porque yo misma no actuo malamente. Es cierto que he perdido amigos, pero también es cierto que siempre me voy quedando con lo más granado del choclo, con los que finalmente tienen la coraza abierta y los ojos ávidos de aventuras.
Respiro al límite y me esfuerzo por alcanzar quimeras, por lo mismo me repliego cuando veo que los que me rodean se debaten por el cambio, arquean las cejas o emiten juicios que yo no he pedido. Tengo juicios personales (todos lo tienen), pero aún así el largo trecho y la vía sinuosa me han enseñado lentamente, a flexibilizar el caparazón, a dejar entrar nuevas corrientes y nuevas aguas a la barca de mis sueños.
Claro, he debido anclar cierto asidero a la bruta realidad, a los morlacos necesarios para sustentar el circo, pero las alas siempre se extienden tras de mi, siempre agitan un poco el polvo del anquilosamiento, de una vida rectilínea y uniforme que nunca ha querido ser la mía.
Lo lamento tanto por el caballero de la España, que no se atrevió a sarpar, pero lo entiendo, porque nadie deja de estar casado de la noche a la mañana, nadie deja atrás una historia para armarse de la nada una nueva existencia. Estamos acostumbrados a la habitualidad, al dulce sueño de la monotonía y cuando queremos quebrarle el timón a la marcha, se nos viene este mundo y el otro encima.
No hay recriminaciones con mi caballero de las altas cumbres, sólo el tiempo le dará los últimos sancochos a la historia, sólo el camino dirá que nuevos hilos enredarán la trama. Espíritu abierto a todo, corazón que late. Hay un mundo que me circunda y quisiera alcanzarlo con todo, con la imperfección de mis palabras, con la textura delgada de mi piel, con los ojos espectantes y el pulso listo para saltar a la nueva locura, para envolverme en letras, para dejar de temerle a ser cada día más feliz.

