Vivir al día
Seise the day, dicen los gringolios que se estiran cuan largos son y disfrutan de vivir el día, de no ir más lejos de que la vista alcanza y de ni siquiera pensar en el futuro. Simplemente se dejan llevar por lo que les toca y no se les tratoca nada porque el mañana es muy incierto.
Los romanos inventaron eso del Carpe Diem por allá en San Sebastian, a la bajada del Vesuvio, que requetenunca avisaba cuando era que iba a explotar, por eso los antiguos Romanos vivían también al día, disfrutando a concho de aquellos momentos que, de alguna forma, podrían ser los últimos.
Don Juan decía en su recitadera, junto a Carlos Castaneda, de que le echara una miradita al lado derecho, porque ahí estaba la pelada, poniendo su mejor cara porque no hay nadie que se salve de ella, aunque le saque el quite con mil unguentos. Por lo mismo, había que vivir al minuto, tratando de ser impecable por siempre o por un instante, pero que ese instante de impecabilidad, al menos fuera el último por que fuéramos a ser recordados en este mundo.
Con una formación cristina que obliga siempre a pensar en el gran juicio final, nos cuesta asumir que no viviremos eternamente y que después de esta, no hay otra en la cual envalentonar las mismas cuecas y hacer las mismas estúpidas sandeces. Tratamos de darle un aire de descontinuidad a nuestra vida, preocupando la vena por el puto y lejano futuro, que nunca llega porque justamente es imposible alcanzarlo.
A mi, personalmente, me bastaba con dos días de adelanto y aunque la gringa porfía pide por más, les aseguro que quisiera acortar el plazo , porque todos los días me despierto en un infinito futuro que no me conduce a ningún punto presente y me va llenando de angustia, porque no tengo la plata para pagar la luz, porque no tengo el recurso para salir de viaje, porque todo aquello que anhelo se ve más lejano de lo que de verdad está.
Si voy a transitar de camisola de once varas, prefiero que sea ahora y no mañana, chuteando hacía adelnate la cruel verdad que se va a presentar de todas formas.
Me he arrepentido de ser osada y de tratar de vivir sueños brujos de amor, pero es tarde para arrepentimientos, porque para vivir al día no me hace más falta que vivirlo. Hay veces que por fuera la fiesta pareciera ser surtida, pero por dentro me van crujiendo los huesos y sin embargo sé que sólo vivo este instante, porque Santa Muerte me espera cachuda, para que al final mis cenizas queden repartidas en los Andes.

