Preparada para el arte
Sin querer entrar en polémicas sobre la literatura que me retrueca los sesos y sin querer anunciar que me gustaría realizar un alto en mis obligaciones, para obligarme conmigo misma a escribir, voy reparando en que mi historia personal ha estado justificada ante un concepto de belleza, de supremacía de lo espiritual por sobre lo racional.
El arte por las venas, desde los momentos supremos en que mi concepción de este mundo fue tomando otros coloridos, otros esquemas. otras calibraciones de que se vive, pero no al ritmo impuesto de los otros, sino que a la propia velocidad de la chancleta existencial. Por lo mismo, con los años me fui acaracolando y enrrollando, buscando dentro de mi muchas respuestas, descubriéndome y perdiéndome, abriendo paso por la selva y decretando los desiertos, sin querer ampararme a ningún lado de la carretera.
Individual, nunca he pertenecido a corrientes fenomenológicas del impulso creativo. Soy muy floja para tener un método y respondo a mi necesidad cuando se presenta. Pero aún así, dentro escarba la necesidad de salirme del contexto y presentarme espontánea, auténtica, flamíguera si es necesario, ventilando mis creencias y mis sentires, en estas líneas. Como un ejercicio aparentemente inocente de mi yo evocativo y charlatán. Pero esto no es otra cosa que un espacio más para poner mis puntos sobre las ies, para dejar las ventilas abiertas y expulsarme sobre el imaginario mundo de que alguien, a la final, sí me lee.
Contorciones, de este, mi inarticulado espacio para ser más yo misma. Entonces, dentro de esta búsqueda incesante me encuentro frente a la kamasútrica necesidad de gozo, del simple hecho de disfrutarme y saber que esto ha sido por algo. Por lo cual, me gusta disponer de este espacio donde la regla es simplemente seguir el renglón hacía abajo, la corriente difusora, el melcochar las palabras sobre una idea y nunca atacarla del todo.
Cerrando círculos imperfectos, amando a desasón de las distancias y el contorno de las brumas, corriendo hasta los límites y traspasando las dudas, así, adecuada a mis propias burbujas he vivido para ser sorprendida con esa misma vida. Es imposible no pensar entonces, que desde hace mucho me preparaba para transformame, para dejar el capullo rociado de hilitos y transformarme en el ser alado que mueve coquetamente sus alas, antes del primer vuelo.
Entonces sigo haciendo el ejercicio de dejarme caer sobre los campos, buscar las gavillas, atesorar esos momentos, saltarme estamentos y conectar en la distancia el espíritu, la algarabía, la fascinación de estar preparada para el arte.

