Experiencia como escritora
Requiero publicar un libro, el primero que escribo en mi vida y espero, que no el último. Pero como van las cosas parece que de la bella pantalla de mi computador, no saldrán los textos.
Hice algunas averiguaciones filosas en editorailes de cierta flexibilidad publicativa y luego de preguntarme quién era y qué pretendía me pidieron algún tipo de curriculum como escritora. Alguna huella maltrecha de que yo sabía enhebrar la pluma y ponerle pasión al talento y alas a las letras. Algún demostrativo de que yo sabía escribir y que con ello, al menos no perderían el tiempo enviándome a algún taller litearario con una escritor de cierta prestancia, todo para hacerme de cierta experiencia en el arte esnobista de las letras.
Ahora, si mi apellido pegaba con algún superlativo de lengua extranjera o sonaba marketineable en consolas y portadas, podrían hacer la salvedad de ser salvada del total anonimato.
Pueril y tonta como soy para vivir en un mundo despiadado y de cierta realidad viscosa, pregunté si mi blog servía de algo, con unas 20 visitas promedio al día y algunos tópicos muy bien redactados. No sé si la risa fue de virtual estruendo, pero algo me llegaron los tiritones al teclado y el silencio sepulcrítico después.
Es curioso esto de pedirme experiencia como escritora, cuando lo único que puedo aducir es la experiencia de mi vida, vivida a profundidad para mi misma y publicada a ratos despoblados en un blog que no lee mucha gente. Unos cuentos de subido tono que nunca fueron publicados por la editorial del la escuela universitaria y alguna olvidable participación en talleres literarios, donde pasé sin pena ni goma al reverendo olvido.
Qué puedo esgrimir en estas circunstancias más que mi categoría de dueña de casa, que escribe de vez en cuando y que guarda los 30 días en el escritorio de su computador. Ni cara de modelo ni pasado de ramera, ni siquiera un viaje intenso por latitudes de especias y aromas, con cueva dos visitas a Europa, algunas leguas de viajes por el culo del mundo, haberme sentado a solas en Cameron en Tierra del Fuego y viajado a las entrañas mismas de la tierra, en la mina de carbón en Lota. Viajecitos en el tren de trocha angosta desde Talca a la costa y mi pasantía de poste en viñas y viñedos maulinos. Dos amores allende los mares y dos hijos bellos y preciosos. La más común de las vidas y el más noble de los corazones. Con las puras patas y el buche. Sancochos de dichos campesinos y una risa de estruendo y tronadera. Degustadora de gota lenta de buenos vinos chilenos y guía del turismo en pañales de mi patria. Gordita, bajita y simpática.
No he vivido en el extranjero, no he sido amiga personal de Pedro Lemembel, Isabel Allende o mi querido Hernán Ribera Letelier. No estuve en el mismo colegio que Simonetti o fui de la misma generación que la Guelfenbain. Nada que ver con poetas y escritores que comenzaron a escribir en el exilio y murieron de cáncer a la edad cuadernaria o se enfermaron de nostalgia y emborracharon hasta no poder más. Ni para chacharear de psicomagia o repasar el refugiadero de las mujeres tristonas. Nada de nada. Cero experiencia desmontable para la parafernalética de un libro.
Que triste es la realidad de un viernes con cara de lluvia y respuesta editorial de que lo olvide, o me haga de cierto prestigio a fuerza de haber ganado concursos literarios, pertenecido a alguna corriente literaria o formado parte de un colectivo de creatividad y arte con dos pitos de marihuana y varios esotéricos tratados de mierda. En términos simples, con experiencia de escritora no demostrable, ni siquiera se van a tomar la molestía de abrir el manuscrito.
O sea, de ser nadie, ya era nadie. Lo sabía muy bien. Pero ni siquiera retomarse la molestia de reírse un poco con un libro que no aspira a más que contar una historia, porque no puedo dar referencias y certificados de escribir, me da mucha pena. Auténtica y saguitaria penalidad porque no creo en ningún límite y ya veo las primeras piedras rocosas para ser editada.
Lo único que puedo adjuntar como curriculum es mis 42 años de pasada por el mundo, una separación, dos hijos, un amor malparido de la española desolación de la sierra pilucha, de Salamanca la dorada. Un gringo amor que llega en octubre, haber decidido a los 35 ser feliz, leído a Castaneda y agarrado papa con Don Juan, saber que el conocimiento es silencioso y que no hay límites ni para los más descabellados sueños. Tener pasión por lo que hago, amor por lo que vivo y buen instinto para los vinos y mejor placer para los viajes. Nada de complicaciones y conocedora de que para vivir la vida se necesitan muy pocas cosas y muchos cariños. Una muy bella sonrisa y una inteligencia viva y elocuente. Ojos negros grandes y manos rápidas sobre el teclado de mi computador. Vivir en el reculadero de la tierra y haber heredado de mi familia cierto tino, la locura y la califa degustación de un buen sexo. Cero cirugía para rellenarme los labios, sacarme el rollito martillero de mi cintura y convertirme en la plástica elementalidad de lo que no soy. Sin maquillaje y con las pestañas más largas y curvadas por naturaleza real. Buena amiga, excelente amante y muy dicharachera y loca. Apasionadita y volcánica y con las mejores carcajadas del mundo, que no dejan indiferente a nadie. De buen ánimo y buen pie para extensas caminatas.
Haber vivido lo vivido y saber que la plumilla me persigue, desde que tengo uso de sinrazón. Esas son mis credenciales para escribir lo que escribo.


loqueyotecontara dijo
recién llegado por una extraña carambola de esas que hacen sonar flautas, descubro tu página asomándome a ella como quien acaba de ver el mar por primera vez, y lo descubro grande, Grande, hermoso e inquieto. A lo mejor peco de hablar sin saber. Pero quiero pasear un poco más por tus escritos, (si me dejas la libertad de hacerlo) y deleitarme con este torrente de palabras arremolinadas en torno tuya.
De este post que cuelgas, y es el primero: las piedras no viven, y por eso no pueden escribir. Mejor dicho, tal vez vivan, pero no son conscientes de ello. La vida suele ser la que empuja la pluma, no los pesos. Y me huelo, viendo tus posts, que tu pluma es empujada con ahínco... Como tú dices, veinte lecturas al día y cincunta y cinco mil visitas en credencial de escribir mucho y enganchar. Así que yo llamaría a más puertas...
De verdad, un placer haber caído por aquí.
26 Septiembre 2008 | 07:31 PM