El dinero
Atraviesa de dolores y amores una vida, que es la mía. Que es la triste desesperación de los hechos expuestos como siempre, para soñar y volar y no poder lograrlo por mi misma. Siempre muleteada por el emprendimiento de otros y el mío, comienza a consumirse en el desesperante silencio de la austeridad forzada.
Entretejer las facultades de un amor con largas y cortas alas, para luego querer ser socorrida de todas formas, aunque se me caiga la cara de verguenza porque no tengo un peso en la cartera.
Vivir con poco no es problema, si ese poco significa cierta dignidad y no el miedo de necesitar hasta lo básico. Soportar la mendicidad de las posibilidades, cuando me encuentro en buen uso de todas mis facultades, me desaploma y me traiciona el amor propio hasta morir.
Desde que tengo y escribo este blog, he vivido muchas situaciones difíciles, muchos días sin gas en la cocina y sin más que un cuarto de lo que tienen muchos y me he sentido victoriosa, porque he aprendido de cero a sortearlo con buen ánimo. Sin embargo ahora necesito un par de días de trabajo que me den más que sólo tuertas esperanzas, porque inclusive cuando trabajaba de sol a sombra paseando gringos por las viñas, tenía la suave relación de que mis talentos servían para algo más que adornar títulos en una pared.
Ahora, veo que la vida pasa a raudales y que no sorteo la temporada con nada más que promesas, cuando comienza el trajín de las viñas y el atiborradero de historias quedará reducida a una rubiecita rica y tonta que balbucee Inglés.
Es cierto que necesito ponerle tinca al negocio, pero también debo ser realista y ponerle porotos a la olla y aunque escribir me hace ser completa y feliz, no me ha dado ningún puto peso todavía.
Estoy, en buenas cuentas, desesperada. Volver atrás no es mi idea, pero los turistas bajan hacía el norte, donde chiquilla con talentos y buena propina se conjugan para sostener los sartenes y encontrar qué meterle al menú que sean más que callampas y lechugas con zanahorias.
La felicidad radica en una misma, pero la moneda da ciertos sustentos. No hablo de lujos innecesarios ni fiebres consumistas, tan sólo los morlacos necesarios para saber que todo el esfuerzo tiene recompenzas.
Yo, que nunca hablo de esto con nadie, me siento y lo dejo ir, porque basta de tratar de parecer super woman, cuando soy Marcela, tan pedestre y madre de dos hijos, como cualquiera en la situación de latinamérica, del trabajo y las posibilidades para mujeres industriosas.



namor-nas-leinad dijo
Fe y esperanza bella mujer.
28 Agosto 2008 | 06:18 AM