Acuso Recivo

Cuando todo queda atrás y yo trato de quebrar el duro pacto del silencio, para volver a recaer, para volver a sentirme mínima frente a las decisiones que toman otros, cuando la tarde es gris y lastima los recuerdos, cuando me siento como la floja brizna que llega impulsada por los vientos a la orilla de la línea del tren, donde Renfe va hiriendo con su paso los campos y me va devolviendo otra vez aquella tarde en que el palpitar de mi corazón fue el mismo que aquel que dejé en la cima de la loma en Salmanca.
Cuando ya decir fue parecen tiempos tan remotos. Porque el espíritu trata de tomar certezas y de asentar en esta cabeza pensamientos racionales, poniendo los pies en la costra carroñerra de la América, cuando la alada meseta de España se pierde hasta no saber si fue sólo un tráncido sueño o varias alucinaciones por un amor.
Acuso recivo de estar sola y más sola que nunca, porque asisto a un blog que adormece de presupuesto e intenciones de anexar sólo vacío, de mantener a flote el cursilero ejercicio de amar, ser amada y aún no dar para otros renglones porque ya he llorado mucho por algo que no puedo arrelingar de ninguna forma, de tratar de encontrarle el ajuste al desajuste y de esgrimir que la vida continua, cuando yo la siento detenida sobre un monte, agolpada de recuerdos por una tierra que me permitió poner mi corazón horario y mi aventurera al alcance de sus ojos; lindos y malditos ojos verdes que al domrir se me aparecen, se me agolpan puñales de sombra en la boca del estómago y comienzo a despedirme de cada ilusión, de cada bonita locura acometida con el pecho lleno de su prosa y la risa sensible de que me reía con él.
Es mucho el empañadero y la noble decisión de seguir adelante, cuando detrás quedan los espasmos, las nomenclaturas, los ritos, los acordes de un sentir que no muere, por mucho que él ya vaya bajando hasta Valencia, para comenzar a disfrutar las vacaciones.
Impúdica España que me devuelves tanto nombres y tantos putos recuerdos que quisiera clausurar de una buena vez...pero el recivo sigue escociendo y nadie olvida el amor cuando se duerme.


ana maria dijo
Los nombres y los recuerdos hijos del mismo linaje, terminan sedimentando en la alfombra roja, más tarde que temprano, aunque a juicio del dolor parecieran destinados a pulular por siempre en la atmósfera agobiante del amor tenaz.
No obstante, pasado el tiempo, tenaz demuestra ser sólo la vida. Nos palpita sin cejar hasta que descolgamos de nuevo la sonrisa, nos inundamos de aliento y nos erguimos merecedores de todo lo bueno.
La vida aguanta. La vida espera. La vida... tiene con qué.
Un abrazo muy estrecho,
Ana M.
4 Julio 2007 | 09:38 PM