Largo camino a casa
El agua corre, el suelo salpica de verdes la vista y el humo disgregado de la locomotora, tira hacía atrás, su humareda carbónica y anublada. Es el tren de la vida, de las cuatro estaciones con nombre indígena, del ir y no ir a ningún lado porque esto es sólo el mero tránsito para lo que venga después.
Continuan los campos y el lago con la mirada alta de los picos nevados al final. Obviamente, este territorio me pertenece y de el tengo que volcar provechos en los latidos de mi corazón, porque cuando muera, lo único que me va a quedar va a ser sin duda, el amor.
Ese amor alado, porfíado, disturbio y pasión que me conmueve a escribir letras, a solventar distancias, a manifestar la vida con los sones de un verbo y los paladeares de un puño que desangra y vuelve a tranfucir de tinta roja por un hombre.
Y pareciera que esta no es vida si no es por él y que los matices no tuvieran las mismas rectas si no están de acorde a las bifurcaciones de los vientos; porque de todo lo impoluto, lo menos convencional, lo más lacónico de una historia, está en el fondo de mis ojos, como si el volcán descansara por fin en paz de sus bosques, de sus pajaritos, de sus sones de naturaleza tibia cuando comienza a descarriar la lava y llueven de piedras los cielos.
Oscilar como un péndulo, agitar de norte a sur las velas de un nao, que no lleva más que la trifulca ilusión de una obstinación sentimental, de un palpitar de venas en la ventana de sus ojos, en la distancia malsana, en las esquinas perdidas, en los lamentos de un nombre que no se pronuncia, que se guarda al resguardo de todas las mareas, porque ciertamente, no existe nada perfecto y somos indefensos ante las voluntades de los otros. Una que arruga su mapa, que abre el morral y quiere volver a saltar continentes y mares, bruta porfía, larga obsecación, dura razón que se abate de saber y no saber hasta cuando se puede estirar la soga sin ahorcar el entendimiento que la vida es tan corta y se me va a raudales por las noches a solas, por las madrugadas desvelo, en que verme a puntillas de este sentimiento me deja sin aliento.
Entonces dudo todo aquello y quisiera encontrar las respuestas que no están...y quisiera tener el largo camino de vuelta a casa para morir al fin, sabiendo que ame.
Saben, la distancia es poca y van quedando girones de mi corazón a trazos, sobre las verdes estepas de mi sueño, sobre la cubierta capa indiferencia de este mundo.



charami dijo
wow kw lindo lo ke nos cuentas muy bello paisaje
saludos!!!!
22 Mayo 2007 | 01:42