Setiembre, ay, setiembre!
Vuelvo del ostracismo personalmente autoimpuesto, para no andar dando jugosa lástima entre los adeptos y los visitantes anónimos de los venires que me aflijen e infringen los días y las lunas asomeras, en la ventana posterior de mis ojos.
Sé que no he hecho falta, pero que más da, si igual zozobro y creo espacio de tintolio para comenzar a celebrar setiembre churrín de volarín y las cuecas resbaladas en la baldosa de la casa o en aserrín de las Fondas del jundo, con olor a caballo percherón, sombrero de huaso y rebenque de amazona para endilgar los arranques de la primavera a punta de elucubraciones.
Digo que setiembre es el mes más cufifo de la patria, con olor a empanadas carduas que hacen del pino un apostolado, la chicha tumefacta sólo para paladares entrenados y connacionales con guata de acero, que los extrangeros se abstengan de beber dicho brebaje o la visita será obligada al baño por todo el fin de semana largo del 18 y el 19.
Demás que llueve a cántaro partido antes o depués de zapatear la cueca en el barro o el polvo y paja del sure, pero no por eso vamos a dejar de bailar nuestro rodeo nacional, si la fiesta lo amerita con juerza y los huasos se engalanan para que una se arriesgue a sacarlos a la pista.
Elevaremos a puro hilo borracho, los volantines del viento sur y nos comeremos asados, guarisnaques y sopaipillas con chancho en piedra, para recordar a los amigos que están a tresmil lenguas de casa.
Se hará el ritual de ver la Parada, más bien recostada en el pasto de alguna plaza, dormir la siesta behoda y escuchar los sones marciales del ejercicio militar de cada año. Saber que nos deja el invierno por una desvariable primavera que se nos antoja floja y quedada con el frío mañanero y las noches atibiadas.
Setiembre que nos reune en la santa abulia de saber que nos queda del año el último suspiro, sacar las chalas del moho y revestir el vestido rojo, los casimires de media tarde y la alegría de que el sol llegará hasta justo más tarde.
Saltar de la parapéntica cumbre del Andes, que comienza a pelarse de nieves y aparecer los libres verdores del subir al cerro, tomar el tren rumbo a la costa y abastecerse de una docena de empanadas de marisco, para comérselas en la playa, al lado de la roca de los Enamorados, mientras las gaviotas pelean y se picotean por un par de conchas lacias que arrojó la ola.
Espero que a todos el aguinaldo les de para algo más que para los antiácidos estomacosos y la diarrea compulsiva después de asado, choripanes, pebre en cuchara, mote al huesillo y los distintos tintos que se dejan fluir por las mesas comensales.
Ruego al pulento que los que beben se abstengan de conducirse por las carreteras y dejen las llave al astemio y a la señora que no enguarguera destilados.
Portémonos a las alturas de las preponderancias y celebremos calculosamente la Indilgencia del terruño. Que a pesar de la buena mesa y las buenas cuecas, no olvidemos gritar: Viva Chile, mierda!!!!!


Subcomandante Popi dijo
La Primavera...
Rios de cerveza que vendrán..
Una puteada al frio que ya se va..ya se va ( espero)
La ansiedad del desbunde que vendrá, entre rocanroles...siestas clandestinas y mucha locura volándo
besos
4 Septiembre 2006 | 10:24 PM