Fado para dos
De la desnudez del alma viene la otra, la del cuerpo carnavalero y sencillamente adolorido, que resbala en medio de los maticos y las reververancias acuáticas, los helechos, las piedras milenarias, el sol, la hambruna, el espantarme las palomas y el sueño, viernes, sábado, domingo y lunes de desajuste, en que la realidad se torna paradigma y el amor en el cielo de la escoba.
Sencillamente no sé como he sobrevivido el fin de semana, arrastrándome por la tierra turbia y desteñida de sus ojos verdefuego del recuerdo, sosteniendome a penas del sin saber, esperando el lunes que me de sus notas, sus clavijas tirándome el tendón y la soga, su verbo falo que entra y sale de mi oído, para que entienda que a pesar de la ignomancia, del plenilunio y los nudos de la lejanía, pesa su cuerpo en mi cama, ahueca su mano en mi pecho y salta el corazón de henchido y fatal clavada, a la una, dos, tres, cuatro, cinco y seis de mis ojeras por el suelo.
Sufrir de esta manera ya no aparecía en mi inventariado proscrito de amazona cuatrera, de latina canalla que le llevaba por las nubes el vanidoso orgullo de hombre y por el piso la tonta evidencia del macho. Tomando los propios caldos de mi estupefacta sopa, resoplillando los mocos y aguantándome el candor de quinceañera boquiabierta, para que en todo el fáctico resplandor de mis 39, me declare indemente, prebásica, frita y redomadamente loca con esta historia de las buenas.
De ir y volver y deshacer lo que se hizo, para revolver que lo que no se hizo está de vuelta.
Podré por fin cobrarme en carne y soledad las horas de distancia y los deseos de beberle un beso y miles de estrellitas blancas que me decoren la garganta, mientras él me dice que me calme que me va a ronronear el te amo con candor de Domitila.
Inteligencia de que por fin estoy de regreso sobre mis pasos y de letras sobre mis juicios, de que no hay caso de que le saque el cuerpo a la hembra y le ponga el atuendo a la monja; porque lo mío pareciera se un mandato, pero la abstinencia va porque el amor me importa y soy capacita de hacerme a la mar como virgen de postal, empotrada en el pedestal que a nadie el importa, sólo para el que logra tener los ojos preparados con el resplandor de mis pestañas.
De todas formas, la laceración de la soledad sobre la carne, no se espesa a menos que el congener de los aires, nos de recorrido de tinta sobre las corrosivas manifestaciones del animal del alma.
Yo estoy clara, lo demás pasa por floripondia ligadura, un poco de territorio y abrir las alas, que al dormir ya no es para sentir el desierto de mi cama, si no que el fragor de sus manos descorriendo la noche hasta la madrugada.


hadacuriosa dijo
Que bueno!!!!
pase aleerte y me gusto mucho lo que encontre...
te invito a mi blog cuando quieras pasar...
besos
26 Julio 2006 | 02:42 PM