Del llavero

Querido diario, desde que me levanté que he andado en busca de las llaves para salir de casa y dejar adentro el invierno, los calcetines de polar ausencia y el chal de sobre el sofa de flores marchitas. Quiero irme con el viento sur que me patalea la puerta, recojer la maleta y levantar la carpa para hacerme metros más allá o metros más acá de alguna aventura con olor a risa, con olor a descollontura, con olor a amor.
Pero nada, al parecer la llave se perdió en el ultimo vaciado de las mantas, en el último dolor de cabeza, en el último veranito de San Juan en que todo se veía y se sentía de un color harto más calipso.
Pero el invierno de los goznes, de las humedades y las goteronas de mis mejillas, atrapó el tímido reflujo del sol y lo circunscribió detrás de las nubes cargoseadas de agua, detrás de los estampados de nieves en el cajón del olvido, detrás de mi computador, donde cabe el todo y no resalta nada.
Del llavero, no se ha tenido ninguna noticia, porque en este encierre de mis ojos en la madrugada, el color perdido de mi cuerpo y los avistantes que me ven, pero que ni se atrevan a retocarme, yo sigo haciendo del invierno mi refugio espasmódico, mi perímetro de seguridades, mi reclusorio de la loca manifestación de mis deseos.
No hay nadie que me pudiese dar alcance, sigo tras las rejas de casa, dormida sobre la noche vacía, doblada sobre el teclado, tratando de vaciar el cofre, de recobrar la cuadratura de la sinfonía inconclusa, de recomponerle las tres patas a la mesa, donde el té desangra y el silencio humea.
Creo, que en definitiva estoy sola y no me había querido dar cuenta. Creo que me quedo dentro, el mundo tiene su paso para el cual no estoy en condiciones de calzado, así que me hago a la chalupería, al pijama sobre el pijama, a la oquedad de la boca sin palabras y al silencio de este diario.
Encontré el llavero, pero ahora no requiero salir.


Habitante dijo
Marce:
Parece que estos días de aguacero aguaron algo más que la calle, por ahora estoy deshumedeciendo la cuchara y apretando el estropajo almatico, para que entre tanto humedad no se nos vayan a echar a perder, no queda màs que inventarse las ganas cuando no hay y pararse cuando todo aparenta querernos arrollidados.-
Desde mi rinconcito del mundo, por acá por el sure,ajenamente de nadie.
R.
17 Julio 2006 | 06:06 PM