Desarraigos.

Por fin, ante mi pantallazo incólume y mis letras adoradas para darle cabida y merienda a la rienda salvaje que me salta y me brota por todos los lados de mis venas, al final del ostracismo autoimpuesto de estar tan emborrachada y dispareja con los asuntos del cucharón de cabezas, que olvidé del todo este espacio virtual, pero necesario para respirarme y saberme más que unida al cibermundo inconexo.
Me han dicho que cada vez más encaracolada con mis propias palabras, se me hace cripta y redondela el entendimiento ajeno y de las masas humeantes del alboroto pasajero, de pupilas en el orbe y de amigos por el suelo, en que no me ven ni el polvo ni la pajilla de tan entrecruzada que escribo.
Debe ser verdad, pero importa bien poco, porque por el desprecio y la misma guita, se encuentran muchas sandeces y mucha pelotuda reseña del trabajo a la oficina, ida y revuelta, varias veces por post.
Lo mío siempre ha sido carnal, viviente, descuerado y total, les guste o les disguste a los que me hacen callar la mano y me recomiendan tomar distancia y dejar que mi vida corra paralelográmica a estas líneas, cosa de que ni se enteren de que verdad me pasan cosas, de que verdad se me reparte el alma por un amor, o que me aniquilan las prosas y las manos de un hombre (uno solo por más está decir).
Yo me parapeto del miedo y me desnudo si es necesario, para que den cuenta que tener cojines no tiene que ver con el sexo al nacer, si no que con la verdad que corre surtida, marcada y fresca, por mi cara y mi cuerpo y mis literables intenciones de trascender la mera recopia feliz de ser nadie, cuando soy mucho, soy plena, volcánica y total.
Los que sienten que el ejercicio consiste en hacerse los sordos y no dejar ni huella para que alguien le vea el tranco y todas las hilachas descorridas del faldón, tome toda sus pertenencias y vuelva por donde mismo vino, no es necesitado en esta fiestoca de carne, sentimientos y tejas corridas.
A los que con timideces, aún les alcanza el semblante, permanezcan y gocen a la más gozadora de todos, sin atajos, sin tapujos, sin requiebres y sin burlas. Déjense caer de las matas, déjense de doblarse las alas y amarrar la alpargata para no perderla en el impulso, si lo único que tenemos por cierto es nuestra vida, ese pedazo de cuerda que se nos da con un límite, al que le agregamos y quitamos pesadillas según aprendamos a hacerlo; o bien, arrastrando el peso o dándole vuelta a la ronda y disfrutando hasta las miserias de vernos entre esta esquina o la otra.
Aquellos otros fetiches y urgencias de tierra, tienen que ver más con una educación católica mediana, en donde cargar con la culpa y las ganas, es la única forma de enfrentarse al asombro, a la dicha, a la posibilidad de que todo se hace nuevamente, a nuestro antojo y medida de que los imposibles, siempre han sido posibles, de que la alegría existe y la podemos llevar al alcance, sin que nos deje el silencio o las lágrimas como rastrojo y mancha.
Sé que para muchos no va a haber vuelta ni salida a la culpa decimal y a los miedos centenarios, no van a tener como sacarle la quitada a los tendones descolagados y como subir un monte sin que les pese el lastre de llevarse la mitad y no todo el trozo. Sé que no van a faltar los que creen que esto de existir, consiste en deshabitar la juventud con arrugas de premura y premoniciones macabras, de que la edad pareciera ser un agarre que dificulta todo, que esto, aquello, con cuello y lo otro. Pero de uno mismo depende todo el trayecto y no existe ni la amalgama del destino, ni los dados cargados del futuro, porque cuando se ama con desarriago, cuando se abren todas las Béjar, vuela libre el espíritu y retorna, sólo retorna, cuando de verdad el aire y la combustión son necesarias.
Si no, es que una nunca las tuvo y el espejismo fue del momento. Déjaremos correr un par de litros de agua y después, ya veremos.
La vida es muy hermosa cada mañana que me levanto, no hay para que andar de arraigos y tenerle apretado el pulso, Cada trino se da cuando corresponde.
Así, que feliz a marcha, a escribir y a espantar los fantasmas. Marcela les va quedando por mucho rato.


T dijo
Ya sabía yo que esta cabra no destiñe.
6 Julio 2006 | 06:46 PM