La líbido en encajes.
Me he estado mirando pilucha, frente al espejo desfigurado de que la segunda maternidad me ha dejado más escurrida y peor afirmada de mi carne voluptuosa y gozadora.
Un espanto que pudiese pasarse piola, con un buen sostén y unos churrines agarra royos, levanta gluteos y reduce abdomen. Nada que con un poco de presupuesto y una visita larga a la sección de frivolités y rellenos capsulosos de la ropa interior,pudiese dar con estimables resultados frente al ojo inexperto; pero entre todo el color de tangas, microquinis y un diluvio de términos que ni por si acaso se ajustan a mi anatomía, no me ha quedado más que tomar esos aditamentos más grandes y deslucidos, como si fuera a vivir el camino de una monja de vuelta al conventillero, del santo oficio del adiós en las lides de la seducción.
Y si ahora me importa esto, es porque como he debido introducirme nuevamente a la vida de soltera, siento que la cotización baja a medida que me pasan y pesan los años. Con tanta jovencita en transparencias de caderas angulosas y pechos firmes al pie del cañón, una madre de dos hijos ternerones a punto de enfilarse más allá de la cuaresma, no es tan cotizable en la transa y persigue la noche oscura y revoltosa de algún galán.
Porque aunque una amiga me dice que tengo que sacarle el partido a lo bueno y bello de mi, yo hago mis cuentas con el cuento de que casi el 90% del envoltorio estaría quedando fuera del registro, y me tendría que comunicar por escrito para lograr algún arrimamiento al seducible de mi antojo.
Otro amigo me espolonea, que la cosa del bochinche carnal es cuando la mujer quiere y al hombre no le queda otra que bajarle la oreja y entregarle el rabo; pero no sé por qué a mi me ataca toda mi inseguridad mapocha y suburbana, mientras veo que la señora del probador que sigue ni se arruga ante las evidencias que el tamaño del sostén no es el suyo, ni los elásticos de las prendas soportarán tanta carga existencial.
Me imagino que debe ser mujer casada y con pierna peluda en la cama, por lo que le da lo mismo aparecerse en performance de hipopótama con vuelo, mientras abajo la mirada de mi escama y mi nueva realidad.
Sí, mi líbido anda suelta y loca, como quienceañera trastocada, pero con este cuerpo y este detalle no hay gusto ni rasmille que entusiasme.
Lástima, porque a la edad que me persigue, hubiese querido estar tranquila en casa, arrullando mis palillos y escuchando el retumbe de un corazón conocido, pero me he tenido que hacer a la idea de que o bien, salgo con alguna prenda indecente de la sexión de encajes y corsetería colorinche, o me meto a un club de amargosas e infelices separadas que prefieren entregarse, en cuerpo y flama, al lamentativo y cirujánico evocatorio del desamor.
Así que como puedo, saco desde el fondo de mi autoestima rancia un poco de orgullo y método de meretriz alternativa, cojo del estante de las prendas más estrafalarias un lepardo negro y de cuerina abrillantada ante los ojos de malicia malvada de la vendedora de turno.
Aprisiono mi agasajo y me pregunto que si ahora tengo el aditamento, me lloverán las ofertas de camatorio o simplemente quedará guardado bajo mil llaves, como un pecado absurdo de mi sexualidad en encajes.


transeunte dijo
.... no me considero un extraterrestre ni un excèntrico pero en estas materias prefiero el contenido duradero antes que el envase, a menudo desechable!.....
23 Mayo 2006 | 12:34 PM