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La Coctelera

Nadie me escribe!!!!!!!!!

Una eficaz forma de comunicación?????????????????????

20 Abril 2006

Epistolar.

Cualquiera puede escribir, con tal de que haya pasado los primitivos años escolares de juntar las letras y desenvolver a mano alzada los circulares artificios que asemejan el rictus encorvado de una ola como ese o la larga y palilluda esbeltez de unas eles, se va armando la escenografía ornamental de la escritura. Si a eso le agregamos aprendernos el abecedario y ciertos símbolos podremos disfrutar de unos veinte o treinta libros en nuestra larga y angosta carrera de vida, sin contar una infinidad de carteles, avisos, diarios, periódicos, cartas de amor, cobros judiciales, revistas, folletos promociónales de tiendas y etiquetas de productos comestibles; entraríamos a engrosar la lista de los informados de la farándula familiar. Si además sumamos la escritura caligráfica de las Monjas del Sagrado Corazón en tarjetas navideñas, postales desde el extranjero, justificativos en la libreta escolar del hijo, notas pegadas en el refrigerador para que el marido se entere que hay que calentar la comida en el microondas y las infaltables listas de cumpleaños, navidades y el supermercado, estamos casi en presencia de un literato de lo cotidiano a punto de integrarse al mundo intelectual.
Pero si eso no bastara, hay ociosos que hacen su aporte en cuanta publicación de la oficina o empresa en que trabajan se requiera, ya sea para relatar una historia insulsa, pero con cierto ánimo de chascarro, o bien para doblegar el puño con el himno personal o las odas elementales a las piernas de la compañera de trabajo que nunca se dio por aludida.
Pero hay más, hay quienes con el atuendo de exhibicionistas se hacen de un blog por vía electrónica y dejan revoloteando en la red sus comillas personales de cuanto acontecimiento mundial o personal les ataña, con ejemplos desde devotos hasta travestis en una amplia gama de gustos, ausencias, informaciones, panoramas y simples enumeraciones de accidentes, amantes, cagadas o preferencias que sólo a algunos logran motivar con afán fisgón de enterarse de vidas ajenas.
Pero ciertamente, hay quienes van más allá y simplemente publican, tal cual.
Nadie daría fe de que alguien con aire despreocupado y risueño está haciendo su trabajo detrás de un computador, una máquina de escribir, un notebook, un cuaderno, las hojas de un calendario, los rollos del papel higiénico o las boletas de la lavandería con aquellos instrumentos que una difusa profesora insistía en meter en su alocada cabecita de 6 o 7 años querubines.
Palabra tras palabra del personajillo en cuestión van apareciendo las historias, los relatos, las mentiras, las venganzas, los cuentos, las manipulaciones, las promesas, las evocaciones y cuanta otra parafernalia de verbos y subjuntivos que se le venga en gana al escritor, que saca roncha y cobra cascadas de maldiciones envidiosas de los otros que aún no logran juntar el suficiente valor de arremeter por escrito lo que se lleva a diario al retrete.
Así es que nacen los malditos y también los benditos, los buenos, los malos, los comerciales, los difíciles, los vulgares, los prometedores, los vendedores de pomadas, los encandilados, los profanos, los ufanos y cuanto espantapájaros del mundo literario haya saltado del anónimo a maestro del boom.
Si nos detenemos a verlo, no es tan riesgoso el viaje. Es cosa de llevar cargada la munición imaginativa, agudizar un poco la mirada y encomendarse a los vaivenes del mercado editorial para pasar de la total pusilanimería hasta la más indiscreta algarabía y ya está hecho el primer tramo del camino. Después ha de venir el segundo o tercer esfuerzo, a menos que se sea tan bueno en el primero que no haya caso como darle rumbo a lo que siga, porque la maravilla del “One hit wonder” opaca hasta la sombra del sillón de donde el escritor descansa su engreída musculatura y ególatra periferia de saber que escribe y hasta sin faltas de ortografía gracias al corrector del programa.
Escribir, en resumidas, no es la gran cosa y como cualquier don, hay quienes lo tienen y lo ejercen, mientras otros se cuestionan el por qué y para qué del ejercicio sobre la blancura inestimada de la pagina amiga, si ya está todo dicho, todo comentado y todo relatado.
Pero me imagino que uno escribe porque su visión particular y preciosa no ha sido nunca requerida en letras de molde, porque así se desea o porque hasta se ha vivido con el determinismo trágico de que si no se escribe no se come en esta casa.
Sin importar donde y a quién, yo siempre he escrito, más que nada cartas alusivas al tu y el yo melancólico de las distancias y en don y gracias del pasaje virtual, también me tuteo con amigos y enemigos del orbe a punta de comistrajo tecleante y carbonato chistoso de que la particularidad me dio un cierto aire de ligereza, para hacer amistades perdurables y querer con fuerza arrejuntar las voluntades de todos algún día.
Porque el total descabellamiento que me embarga, ha sido casi siempre por escrito y suscrito a renglón saltado, como atestiguando que esta pluma tiene fuerza y este corazón resuma tinta existencial y pletórica, por eso ahora ya no sólo me siento a verme la cara frente a la pantalla insípida, si no que también me conecto emotiva y proscénica con almas gemelas en la lejanía infatigable de que seguiré escribiendo, pero cada vez más cerca de la patraña del libro, más edificada de que le llevamos un talento extramural, de saber para qué tanto empeño de las Madre Superiora, con eso del deletreo y la lectura de a dos o tres sílabas en mi cabeza chica y cachirula, que se imaginaba el mundo a través de las miles de cartas que he leído en mi vida.
Por eso, de la epístola se puede hacer un reino caballo y entretenido, hasta para publicarlo como el primer tomo del resto de las aventuras…es cosa de esperarlo en kioskos y librerías especializadas, porque ya no hay dudas, escritora he sido por mucho tiempo.

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

G

G dijo

Marcela, todos podemos escribir palabras, palabritas y palabrotas en cualquier parte, pero tu tienes un don, tus palabras tienen vida propia.

Saludos

20 Abril 2006 | 10:16 PM

laveron

laveron dijo

yo también puedo decir ahora: Escribo ¿y qué?
tengo un don? poco, medio o mucho. soy escritora mucho más que arquitecta. No amo lo que estudié y amo lo que derramo con las sílabas y diptongos. Usted permítamente decirle...le plagiare su estilo (implagiable) para un artículo por estos días...y por supuesto que voy a aclarar que quiero emular a Marcela...la que está más allá de los Andes.
un beso!
laura

21 Abril 2006 | 03:12 AM

Éride

Éride dijo

Escribo, esencialmente, por pulsión. Hay ciertas cosas uno hace, porque no puede dejar de hacerlas.
No hay más, me costó entenderlo.
Ahora, si alguien más disfruta con lo que escribes, tienes la posibilidad de sentir que estás aportando en algún sentido.

Yo disfruto tus columnas.
En mi opinión, tú aportas.

21 Abril 2006 | 04:15 AM

transeùnte

transeùnte dijo

.... y en la mìa (opiniòn)tù nos agasajas con tus escritos chispeantes y sabrosos.Logras estampar la huella de tu picardìa innata y tu alegre desparpajo frente a los vaivenes de la vida.

21 Abril 2006 | 05:15 PM

Negro

Negro dijo

No encuentro adjetivos correctos para describir lo que haces al escribir, no se como explicar la forma que tu texto tiene, solo te puedo decir que es algo... que no he visto.

2 Mayo 2006 | 05:36 AM

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Nadie me escribe!!!!!!!!!

Talca, región del Maule, Chile
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Vivo al otro lado del mundo, reviso a diario mis mails (tengo 3) y sólo me encuentro con mensajes del estilo "homus erectus", "gánate la green card" o "saving loands". No creo estar tan sola porque soy muy divertida, inteligente y creativa, además que puedo hablar de cine, literatura, viajes, vinos y la vida. Espero que crucen la barrera del teclado y retroalimenten este espíritu inquieto. Creative Commons License
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