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La Coctelera

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30 Marzo 2006

Cuando muere un elefante

Cuando muere uno de esos paquidermos grandes y arrugados, de trompa y cola ductil, la manada que lo acompañaba hasta el momento hace una que otra megafinta en el suelo polvoroso de las sabanas africanas y lo deja irse al otro plano vivencial entre cornetas y estruendos que sólo los elefantes entre ellos, entienden.
Cuando murió mi tía, este fin de semana, no quedó otra que hacer más o menos lo mismo y seguir caminando con el sol pegando en la nuca y tratando de conseguir agua para no achicharrarse.
La Adriana, mi tía, era una persona, no voy a decir buena o mala porque ese trámite de encontrarle sólo virtudes al finado, nunca ha sido mi estilo, ya que la viejita en cuestión era cascarrabia y muy poco tolerante con las diferencias de religión, tendencia política y gustos personales por colores alegres y no apagados y ajustados a la edad madura del deslinde, entre café y cobre para homogeneizarse con el resto de la manada de megaviejas amigas de ella.
Era mi tía, soltera pero ya no entera, y como buena mujer de mi familia, quería dejar arreglado los tirantes de la vida de los que le sobrevivieran, como encaminando a la manada al próximo pozo de agua clara, pero arruinándoles el camino con sus restricciones salameras, sus condiciones clandestinas y su cuerpo chico y arrugado donado a la ciencia médica para que descubrieran que se enfermó de soledad, de vacío, de ausencia.
Voy a extrañar sus llamadas telefónicas para correguirme el segundo nombre de mi hijo menor, para preguntar si me gustaban las calcetas a la rodilla y saber cómo es que andaba la familia descarriada, de la que soy madre a tiempo incompleto.
Ir a Constitución y no verla dibujada en la cocina, haciendo platos naturales y picando finito finito todos los ingredientes, me va a hacer falta, pero la manada debe continuar en marcha, buscando sus propios sitios para defecar y alimentarse, aparear y fermentarse y finalmente morir. Porque de todas las certezas que uno cree que tiene en la vida, como el auto nuevo, el trabajo estable, la felicidad impoluta y los hijos sanos, la única que no es una ilusión y un espejismo trucho de nuestra sociedad de consumisión y pecado fácil, es la muerte. La vieja y descocada muerte que se aparece cuando aparece y que es la ventaja de saberse vivos por un rato, para luego estirar el pellejo y los recuerdos entre parientes con tecito en la mano y empanadita de queso en el buche.
Morir es el destino inexorable que se va a cumplir, por más leña que le hechemos a la estufa del mantenernos regios y sin arrugas, de tomarnos la píldora y la represión, por apartarnos de la apariencia de insanidad y tratar de trascender en monumentos al ego y la futilidad de la vida, que es breve y ridículamente insignificante, como para que se la lleve el viento seco del peladero en el olvido.
Por eso, recomiendo que se comience a pensar en serio esto de vivir y ser felices, porque como uno no se lleva nada impuesto para el otro lado, mejor disfrutar el día, el minuto, el segundo que tiene uno el placer de paladear en cuerpo y alma, porque de morir, nos vamos a morir todos y sólo podremos dar fe y testimonio de lo bien que lo pasamos, de lo dichosos que fuimos y de lo auténticos que recurrimos al lado de tanta atadura, tanto drama de pacotilla y tanto miedo imbécil de creer que este traqueteo nos tendría a perpetuidad en condiciones.
Por favor, háganme caso y sean libres y felices, porque la manada se recuerda un poco del que se va, lo despide y hace el intento de retener algunos instantes difusos, pero luego el fragor de la caminata continúa y los huesos quedan expuestos sobre la faz de la tierra, sin más que los carroñeros de testigos.
Adriana, ya te fuiste, pero me quedo con tu gracia, tus risas y los días en que entre la caña de pescar y los juegos del naipe inglés, eramos felices, como tía y sobrina en conjunción perfecta de que el cariño siempre fue mucho más importante que los adornos.
Los elefantes van muriendo y luego del silabeo y los mocos recogidos en el pañuelo, hay que tomar consistencia de felicidad y buen ánimo porque no hay detención en el mundo que nos toca y el show persiste, esté uno detrás del telón o en escena.

servido por Marcela 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Negro

Negro dijo

"hay que tomar consistencia de felicidad" que potentes palabras dichas en el sopor del caminar por la sabana buscando el agua que refresque la arrugada piel...

30 Marzo 2006 | 09:52 PM

Rafa

Rafa dijo

Desde la vereda que en este caso queda justo al frente, se puede contemplar una manada de elefantes, que luego de dar vueltas y dejar al espíritu libre, deciden seguir su caminar, quizás se crucen con otros animales, quien sabe, quizás solo el sol en el horizonte los espera.

Las manos juntas se dirigen hacia la frente en señal de saludo al espíritu que habitaba en aquel elefante.

30 Marzo 2006 | 10:09 PM

transeùnte

transeùnte dijo

..... este escrito es el mejor homenaje que se le pude dedicar a un ser querido cuando emprende el viaje sin retorno. Recordar con alegrìa; sin cursilerìa y negândose a la hipocresìa es sin duda un escrito aparentemente banal pero hay un fondo humano y mocional muy profundo. Es asimismo una invitaciòn a seguir afrontando con màs fuerza la vida y valorarla aùn màs. ( esta vez transeùnte se ha puesto serio).

31 Marzo 2006 | 07:21 PM

Héctor Leonel (utopista)

Héctor Leonel (utopista) dijo

Marcela: Escribe mi admirado Ignacio Solares (escritor mexicano): "La historia de una vida es, en el fondo, sus sueños y sus fabulaciones sobre la muerte. Para enfrentarla o para negarla. Hay quienes prefieren mirarla como una posibilidad futura, mientras más remota mejor. Y habemos los morbosos que nos regodeamos en su inminencia y que, concluimos, sólo lo que da sentido a la muerte es lo que da sentido a la vida."
Me parece que hace falta humor al pensar en la muerte, como para sonreir en el último instante al igual que Andre Malraux; para tener una ocurrencia irónica como la de Kafka, cuando en el instante de morir le solicita a su médico que lo deje solo, pero como el galeno no quiere marcharse, Kafka le dice: "- Pues si no se va usted me voy yo". Y se murió... O como cuando agonizante Valle Inclán se incorpora para protestar porque le iban a hacer una transfusión de la sangre de Pío Baroja, pero Valle Inclán expresa: "- Cualquiera menos él... ¡Tiene la sangre llena de gerundios!." Ja.
Yo me imagino el momento de la despedida con un sonriente: ¡Lo sabía!, pero esto a la vez me hace buscar eso que ya sé, pero se me escurre cuando me pongo a intentar llevar una vida demasiado en serio, por eso hay que agregar que hay que intentar la risa en todo momento.
Y hoy que visito otra vez tu blog, mi admirada Marcela, sólo agrego que tu estilo está muy padre y que desde México, y desde el calor de mi ciudad, te saludo en este Carpe diem que me has recordado.
Atte. H.L.

31 Marzo 2006 | 10:47 PM

Betty

Betty dijo

a quien seas:

me gustó tu comentario que leí por purísima casualidad, porque estaba buscando algo relacionado con la simbología del elefante ya que una amiga muy amiga y querida soñó que yo estaba decidida a "sanar" a una manada de elefantes....
No encontré mucho, pero hete aquí que por ese seguir "husmeando" me puse a leer tu "dedicatoria a tu tía" y aunque parada y apurada, lo leí hasta el final, mientras veía que el tiempo se pasaba y el reloj me decía sibilanamente -largá, que llegás taaaaarde!. pero no pude y vos ganaste porque me atrapaste.

Me encantaría seguir, pero no puedo seguir desoyendo los avisos de ese tiempo que se va mientras me espera en otro lado.
chau, y cualquier cosa tenés mi mail...

¿Y cuál es la otra parte del mundo?::..Yo aqué en Baires.

21 Abril 2006 | 04:22 PM

marcela

marcela dijo

A betty de Baires....donde es que está tu mail mujer, mira que no se ha pegado nada??????

21 Abril 2006 | 06:40 PM

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Talca, región del Maule, Chile
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Vivo al otro lado del mundo, reviso a diario mis mails (tengo 3) y sólo me encuentro con mensajes del estilo "homus erectus", "gánate la green card" o "saving loands". No creo estar tan sola porque soy muy divertida, inteligente y creativa, además que puedo hablar de cine, literatura, viajes, vinos y la vida. Espero que crucen la barrera del teclado y retroalimenten este espíritu inquieto. Creative Commons License
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