La Comunidad del Membrillo
Me gustó “El Señor de los Anillos”, a decir verdad, me encantó y cuando vi la primera, me quedé nostálgica por la segunda; y cuando vi la segunda, esperé con ansias la tercera. Pero con el libro, nunca pasé de las diez páginas iniciales en que se me armaba la confusión de enanos, elfos, gnomos, querubines, gárgolas y bolsones colgando al descuido de que la tarea era muy titánica de desentrañar los misterios para llegar al “the end” del asunto, así que le agradezco al Peter Jackson que se tomara la molestia y me hiciera una muy buena película, donde se resumía la literatura y así podía disfrutar de la historia de la que todos hablaban.
Reconozco, eso sí, que hasta hoy en día, cuando veo las tres películas sentada en la comodidad de mi living estilo donación de los años 60, la relación entre Legolas y el Enano cascarrabia me da un aire de complicidad media homosexualoide, al estilo de Batman y Robin o del Llanero Solitario y el indio Toro, pero no soy mal intencionada, sólo me sonrío y me alegro que hasta en eso se haya fijado el gordito Jackson para atraer público a las salas de cine y congeniar con todas las minorías.
Ahora, yo no fui de las devotas que se hicieron tatuar las inscripción del anillo, ni la que se compró las orejas puntiagudas de las elfas, para participar de una Kermese con olor a trajecomedia; ni la que creyó que a punta de calzarse anillos de oro en el dedo, iba a venir algún engendro a proponerle la dominación del universo, o bien, que por ser pura, linda y tener un padre rockero me quedaría con el tierno y degustable Vigo Mortengsen de rey y todo. No, yo soy crudamente realista y después que salí de la sala de cine, debí lavar calcetines sucios, preocuparme de la limpieza de la casa y determinar que se comería en el almuerzo del día siguiente, no importando la avalancha de defectos especiales y Gondor mediante.
Así que la magia del cine me atrapó lo injusto y necesario para entender que mi vida continuaba, quisiéralo yo o no.
De todas formas, el placentero barullo perdura hasta el instante en que se me ocurre armar mi propia Comunidad, pero al estilo de zafarrancho y poca meticulosidad en este blog del desentrañar mi existencia paralela.
Sí, como lo leen. No se trata de mundos mágicos o inventos tales a punta de clases en el aburrido Oxford y conversaciones interminables en algún Pub Inglés que destilaba traguyo y literarias aspiraciones. No pienso mandarme sendos tomos y mamotretos con la vida y sobra del reino de nunca jamás, ni el carnaval de la elucubración con mi postergada terapia sanadora de calma, nada de eso. Lo mío, como siempre, es algo más circense, más simple y fresco como reunir a los que sí me escriben, ya no en un encuentro virtual, sino que en un encuentro real, de carne y carne (en mi caso particular, en que no se avista mucho hueso).
Por razones técnicas y presupuestarias, comenzaré con los que tengo más cerca, con los que me escriben del cyber del lado, con los que recorren las mismas calles que yo y se toman las mismas aspirinas que yo me tomo. Calidad empieza por casa, así que ya llevo agendados varios encuentros en que me toque tiritón de pera y risa estúpida frente al nick que se atreva a darme la cara.
De esta forma comienzo mi propia comunidad, la del Membrillo, porque como el efecto mariposa de tocar y ver que pasa se inicia el mes de marzo (el mismo mes que los escolares en Chile vuelven a clases), pretendo llevar la tan subutilizada fruta escolar a un plano mucho más lúdico que los machucones dentro de la mochila, y rescatarla con menos sal y menos golpiza, hacía el podio de que todo se puede, sólo calma y tiza en nombre del humor y la nueva amistad de cuerpo presente. Soy un espíritu libre, tratando de recobrar mis alas, así que cualquier petición de provincia, no duden en dejarla por escrito y los que sólo quieran tenerme a la distancia y no verme las arrugas marcadas por el sol, no se preocupen en absoluto, sigo confiando en la pluma y el papel virtual y en que tal vez, algún día se hagan la película de mi vida, así se ahorran la lata de tener que seguirme en mis aventuras escritas, en mis ansias de salir del anonimato, en mis desvelos por llegar a cabo el the end de mi propio cuento…el cuento de todos que es un blog sin olvido, en que nos leen y nos alientan a seguir callados en casa.
Por eso, antes que me atrapen, yo me veré en aprietos de reconocer que soy mucho menos emocionante que lo que se trasluce aquí, pero que importa, “La Comunidad del Membrillo” está abierta, antes de que Cabrón nos descubra y Aragón nos prometa amor interno, del que yo no podré ni disfrutar porque estoy severamente comprometida.
Así que animarse a dar el salto y desempolvar las alas del asombro, sean todos bienvenidos a la Comunidad!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


transeùnte dijo
a modo de informaciòn..... aceptan corresponsales "extranjeros" en tan Ilustre comunidad? Me ofrezco ad honorem como "free lancer" y si me lo permiten presentarè mis cartas diplomàticas para acreditarme totalmente como benemerito membrillano. cuento con una sòlida experiencia en estos trajines y es parte del menù de cada dìa el que mi suegra me aporree y machaque.
22 Febrero 2006 | 06:32 PM