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La Coctelera

Nadie me escribe!!!!!!!!!

Una eficaz forma de comunicación?????????????????????

7 Febrero 2006

He viajado con Perez Prado

A 120 por hora hasta las vacas del camino se ven sílfides y delicadas manchas del paisaje rumbo a la costa acicalada de pastel de jaiba patichueca y empanadas de machas recias.
Saliendo con destino al poniente mientras el cucharón está henchido de ventolera, arena picante en los ojos y guata al sol, por entre cerros peinados de insigne de la cordillera anciana, la radio en el auto sólo acompaña la chala fresca en el acelerador por un tramo y luego hay que rebuscar la guantera musical y someterse a la resignación sonora de que sea lo que venga.
Para que diablos voy a poner cuidado cuando me enfundo la carretera en compañía del purgatorio musical de los cassettes de mi madre, si el auto no me pertenece y las melodías que me hacen la existencia más plañidera, están guardados en formato digital inaccesible para mis oídos a punto de perder la virginidad, agarrados de un tal Duo Dínamico español, antiguo y alocado para las fiestas de las quinceañeras escolásticas de las monjas Ursulinas.
Así que atenuada por las lomas curvilíneas del camino, comienza a tocar la cinta que sin ver he puesto a rodar en la casetera del auto y sin esperanza comienzo a dejar atrás caseríos en medio de la ruta verde, pinos equidistantes y claros de azulosa ilusión marina. Pero por esas cosas de la dichosa selección lo que se baraja es un mambo a todo cachete, entrompetado y rítmico gozador que hasta la cara avinagrada de mi abuela se comienza a iluminar, mientras a mi madre se le encumbra la bataclana con plumas y lentejuelas que lleva adentro.
Es nada menos que Perez Prado, un recuerdo inolvidable de mis idas al circo cuando era niña y en el medio de la pista comenzaba la chica de las clavas a darle emoción con el fondo de aquel “Mambo 5” que se te pegaba al alma infantil, como el algodón de dulce o el maní confitado.
Tanto sabor y trombadera dentro del auto, que el camino se me hace veloz y timpanoso cual película Almodovariana, en busca de la constelación acuariana del Pácifico rugiente y oliente de cadera de mujer.
Este si que es un viaje movido, con insubordinación del cuerpo y repiqueteada felicidad de escuchar esos sones con “Pachito e ché” y los 8 números del mambo que saltan y resaltan por entre las curvas del destino espumoso.
Cuando estamos a la orilla, ya no hay nube atosigadora que nos desvanezca la algarabía mambera y antes de sentarnos a la mesa de las tan mentadas machas, hasta mi abuela agarra confianza con un viejo pelado, que de verla tan cadenciosa le levanta la copa y la sonrisa sin dientes en un brindis.
Perez Prado es sin duda uno de los mejores aliados, cuando la esperanza remota estaba en perecer la tarde en manos de cualquier recuerdo naftalina de aquellos cassettes que aún atesora mi madre.
Así que ahora vengo de la tienda de discos con la versión viejitalizada y remasticada de lo mejor del mambo, como para sacar chispas en casa y lanzarme de lleno cual malabarista en malla transparente y algodones rosados del gusto por aquella música que nunca se nos escapa del cuerpo.

servido por Marcela 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

clubfolio

clubfolio dijo

Da gusto leerte porque siempre aprendo cosas nuevas de cómo escribir que tú haces con tanta facilidad y expresión. Es, de verdad, un auténtico placer. Felicidades.
Un beso.

8 Febrero 2006 | 10:20

transeùnte

transeùnte dijo

....reafirmo el comentario anterior. Es una escritura que invita al deleite."Saboreamos" con avidez este blog que nos describe la cotidianidad (què vocablo) que todos vivimos con simpleza; humor y desparpajo.Es una literatura àgil, casi irreverente y que denota espontaneidad y alegrìa.

8 Febrero 2006 | 05:07

UTOPISTA

UTOPISTA dijo

Marcela: Excelente, yo confesaré que lo primero que aprendí a bailar fue el mambo de Pérez Prado, aquellos números que mencionas en el post y los que se llaman Patricia, La niña popof, entre otros. Después vino el rock'roll mexicano, después la música disco (Barry White), la música tropical, el rock (punk, new wawe, etc.) el ska, el regaae, la música norteña, y ahora de todo un poco incluido el que se baila en los raves nocturnos.
Siempre llevaré a Pérez Prado en la sangre, además es un compositor de temas más serios, porque incursionó en composiciones para orquesta sinfónica. Una noche en Xalapa lo vi, con su cara de foca dando a la vida un sabor especial. Pero se murió y sólo nos quedan sus grabaciones.
Con saludos rumberos y mamberos te saludo.
H.L.

9 Febrero 2006 | 03:07

G

G dijo

Me cautivó a tal punto la lectura que sentía las curvas del camino y escuché la música de Pérez Prado.

Excelente

Saludos

15 Febrero 2006 | 12:26

Negro

Negro dijo

Pude sentir el olor de las machas, la brisa del mar, los vientos del bosque dentro de la capsula del automovil, la musica que exorcisaba a los fantasmas de nuestra alma, ¿no vamos todos en un viaje y vammos muchas veces llenos de temores?. Definitivamente exquisito, un exelente post,
¡ mataria por una novela escrita con esta capacidad de volver tan permeable mi piel.usas las palabras como si fueran conjuros que destraban recuerdos, sesaciones, emociones..exquisito.

17 Febrero 2006 | 03:07

JP

JP dijo

Lo encontre muy bueno tu relato, la dosis perfecta de siutiqueria y palabras inventadas o aparecidas del lenguaje "lolo"

30 Marzo 2006 | 11:45

marce

marce dijo

Perdón, siutica he sido toda la vida y a mucha deshonra, pero lo de "lolo" ni se usa y de paso, ni se habla.
Al parecer, cada cual filtra a su antojo el contenido de las machas, pero no importa, lo importante es que sigan filtrando.

31 Marzo 2006 | 05:48

Los comentarios están cerrados


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Talca, región del Maule, Chile
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Vivo al otro lado del mundo, reviso a diario mis mails (tengo 3) y sólo me encuentro con mensajes del estilo "homus erectus", "gánate la green card" o "saving loands". No creo estar tan sola porque soy muy divertida, inteligente y creativa, además que puedo hablar de cine, literatura, viajes, vinos y la vida. Espero que crucen la barrera del teclado y retroalimenten este espíritu inquieto. Creative Commons License
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