Drink or not to drink.......
Mister and Missis Henry se me perdieron por un par de horas en la urbe santiaguina. Llegaron antes que yo al aeropuerto y sin mediar agua va, se encaramaron al transfer y pidieron que los dejaran en un hotel. La Missis venía en escombros después de una jarana Sao Paulista de Navidad y Noche en caipirinhas y el Mister necesitaba conección inmediata a la bolsa de comercio noyeorkina para pedir que vendieran sus acciones en Brasil y compraran en Chile.
Después de que me llamaron y me pidieron que los viera en el vestíbulo colorado de paso doble dorado de botones y recepcionistas graciosas, nos fuimos en shorts y poleras a la estación de trenes.
La missis, un tanto mareada aún, me pregunta si para Talco no hay fligths y justo ahí topamos con que esta buena tierra cuenta con lo justo y necesario para hacer la estadía feliz, para lo cual no hay apuro y se debe dejar atrás el aeroplano y entrar de lleno a la carreta.
No sé si por suerte en el carro comedor del tren(que debo decir se ha modernizado bastante) nos dieron un almuerzo variado de ensaladas surtidas, carnes y porción de papas asaltadas por las dudas del chef en turno y de paso nos alargaron la carta de vinos, y a dos idiomas, para que amenizáramos el trayecto. Obvio, soy la guía y a esto de vender de mostos el terruño me dedico, así que antes que la missis se engolocine con el alcoholismo nacional, tomo la carta y leo conciensuda. Mmmmmmmmmmmmm, reviso de arriba a abajo y no encuentro nada que sea estimable para empezar a preparar el aliento, porque nadie ha reparado que además del Gato Pardo tres medallas, el menjunje vinícola está rodeado de deliciosos taninos boutiques que por pocas lucas se dejan sentir con harto más agrado que el pesado 1200 y tres metrallas que me llenan de lágrimas los ojos, pero la gringa está sedienta después de la rasca brasileña y se le hace agua el gasnate con un Merlot Reserva, año 2003 del Valle del Maipo.
En llegandito a la capital maulina descendemos los bultos, entre ellos la gringa que se tomó hasta las molestias, y en caravana dejamos la visita para lo que venga hasta que el Mister enderece a la señora y podamos estar todos sobrios para que nos abran las bodegas.
Al otro día y con cara de haber pasado la noche en abstemio desencanto, partimos haciéndole collera a la primera viña donde el parronal me recuerda Falcon Crest y el Lorenzo Lamas corriendo a todo galope de su auto último modelo. Estilo californiano (y no por la guía, por si las dudas) y vino guardado en barricas de roble americano con duelas de semi tostado y tostado intenso, para que ese fragor persistente en la garganta se nos quede pegado hasta después de siesta, como le gusta a los gringos.
Ahí mismo la beoda misis se nos envalentona y pide una y otra probadita, mientras el mister va sacando las fotitos de rigor y haciéndose el leso con la ebriedad galopante de la doña.
Decido que el almuerzo sea contundente y portentoso, como para afirmarle el puso a la gringa y de pasada, darme fuerza y valor para seguir adelante con la caña intacta y la sonrisa fresca a pesar de los estragos que están por venir.
Así que después de un paseo por las coloniales calamidades del comistrajo sin vino, seguimos hacia la viñatería con olor a maqui y encantamiento de fudres antiguos.
Aquí la misis se portó toda una lady y hasta arriscó la nariz cuando nos dieron a probar los últimos caldos del año, pero ni hablar a la media hora de conversa y degustación con el dueño, que hasta un curso de español etílico le hacía empeño y de broche de gold, se le insinuaba coquetamente al enólogo propietario, mientras el mister se hacía el sordo.
Cuando estuvimos de camino al hotel, se nos vino todo el malestar de la rucia y debimos parar como cinco veces para que el mister le sujetara las mechas mientras ella invocaba a gütierres, güajardo güarrido y gúzmán de la volteadera y descompostura.
Así, evité darle largas a la velada nocturna, y después de dejarlos con un cifón de agua mineral, unas aspirinas y God bless you tonigth, saqué mis cuentas y ordené el espíritu para partir de vuelta a la capital bien temprano en la mañana.
De gafas oscuras y rouge fosforecente amaneció la misis, mientras el mister no habló más que lo justo y necesario en todo el trayecto de vuelta.
Se despidieron efusivos eso sí, con un TIP como para celebrar año nuevo hasta marzo, mientras Misis henry me prometía ser niña buena y no volver a beber en lo que le quedaba de viaje, pero lo curioso fue que en la noche, a la hora de las noticias en la tele, apareció mi turista, encaramada a los faroles culturales de Valparaíso, más feliz que gata con un pedazo de carne de la mano de la botella, mientras el mister interpelaba la indiferencia de las fotos, la ebriedad de la noche y el año nuevo que resplandecería a eso de las doce sauvignon reserva de Marquez de la Borracha.


transeunte dijo
......hic... hic...... què malestar! què sed màs soberbia!.... sin comentarios..... aùn no logro espantar los "residuos etìlicos"..... Salud y excelente 2006!
2 Enero 2006 | 11:24 AM