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La Coctelera

Nadie me escribe!!!!!!!!!

Una eficaz forma de comunicación.

21 Diciembre 2005

Hilarante Navidad


24 de diciembre de 1999, a eso de las cuatro de la tarde, cuando el calor apresiona la invirginidad en un ajustado pantalón de amasado color lila. Chancleteo la Feria Navideña que es un gusto y me espanto de que se han llevado el último furibundo Furby para mi retoño de ojitos pedigueños y confianza absoluta en el Viejujo Pascuero, transplantado desde el Polo a este acolchado paisaje de tierral y pasto seco.
Sudable es la manía que me revuelve y le grito a la vendedora si en el puesto de la otra feria encontraré el engendro de ojos verdes y peluda anatomía que, me de el respiro y le restaure la confianza en los valores navideños a mi niño, que aunque chico, tiene la película bien clara de que se ha portado un siete todo el año, como para que le dejen bajo el árbol un sucedáneo marca chancho.
Ágil, cual grácil acalorado hipopótamo bajo luces, campanas, guirnaldas y cascabeles colgantes, rajo rauda hacía la otra feria navideña mientras se me cruzan señoras con gesto ambiguo de comprar la muñeca o el coche, la autopista o los autitos, el trencito o bien las líneas, todas esas decisiones que se toman bajo el sol calamitoso de un diciembre más pobre que un chinche y una que otra oferta de último minuto en el puesto de artilugios copiados made in china.
Llego intacta y de una pieza descompuesta frente al puesto donde, desde el estante de lampaso y alambre, me saluda la velluda fragilidad del último Furby que queda en kilómetros a la redonda. Es rosado y aunque dudo mientras la chica lo amonona dentro de su caja, no me detengo en consideraciones de si los colores tienen sexo a la hora de mi hora en que no me queda otra opción para alegrar la redondita faz de mi amado querubín.
Vuelvo harto más relajada a mi casa y hasta me detengo a entretener la microscópica con algunos encantos de plata y rubí que me habría gustado pedirle al Viejito, pero que no se pudo y tal vez no se podrá hasta que tenga trabajo estable y ponga los pies en la tierra plana de lo que se debe hacer aunque duela.
Como las celebraciones se pasan en casa de mi madre, con ponche de guarén y cola de mono con aguardiente de la degustada bodega de debajo de la cama de mi abuela, yo pasó a dejar el regalo en el resguardo del sillón para que cuando lleguemos la familia Salas Suazo en total presencia, no se le escape al árbol la evidencia de que el pascuero hizo su pasada antes de tiempo por estos lares y mi hijo, inteligente como es él, dude de la veracidad de que el caballero de rojo andaba apurado y dejó antes el regalo.
Así, me baño tranquila mientras mi marido arregla al niño y luego, montados en el coche nos caminamos la distancia entre mi casa y la casa de mi santa engendradora, con la calma del frescor de la tarde y los dientes listos para afilarlos frente al asado que va a asar mi padre bajo el parrón.
El estropicio es máximo cuando llegamos, la plástica geografía del arbolito pascual por el suelo y mi madre con mi abuela a cuatro manos tratando de atrapar la rata que se ha metido detrás del sillón. Mi querida Tía Mecha salta y grita sobre la doblada curvatura cervical de su marido el Renatito y mi hermano empluma la escoba con ademán de diestro espadachín suburbano y radical. Así, yo también me sumo a la algarabía y para no ser menos doy mis gritos hasta que recuerdo que justo ahí, en ese sillón se encuentra el tan solicitado regalo de mi hijo; pero tarde ya para dar mis advertencias, mi madre corre en un superademán el mobiliario, y mi Sandocán hermano da de golpes a cuanta peludes que se mueva, no importa si es color plomo rata o rosa Furby.
Terminada la faena exterminadora, entre lágrimas de papel de regalo y cablecitos aparecen, cuerpo a cuerpo, las dos felpudas ratas. Una, total y absolutamente esquerosa de originario chile, que se cuela en mala hora bajo el sillón y la otra, importada bajo el signo de la estrella de Belén para alegrar las manitas de mi propio niño Dios.
Para qué voy a hacer el inventario que vino después y la llantera que se armó entre mi hijo por su regalo, mi Tía Mecha por su asma bronquial, el tío Renatito por su cuasi estrangulamiento, mi santa madre por dejar a su nietecito sin “Pascua Feliz Para Todos”, yo misma, por el sacrificio intelectual, monetario y físico para dar con el mentado regalito, mi hermano por su rudeza descocada con la escobamataratas y mi abuela porque su escoba preferida se quebró.
Los únicos que no se sumaron al caudal fueron mi marido y mi padre, que entre cerveza y probadita se reían a mandíbula carnívora de aquella hilarante navidad.

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Kramer

Kramer dijo

Todo a su tiempo...

23 Diciembre 2005 | 12:46 AM

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Hace un tiempo largo que abrí este blog, con el único cometido de expresarme, de buscar mi beta, de encontrarme a mi misma y a los otros. La vida para mí es una eterna búsqueda y en eso persisto. Compartir mis mundos a través de las letras, es mi necesidad. Por eso este blog permanece, aunque Nadie me escriba. Creative Commons License
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