¿Qué se necesita para suicidarse?

En estos días, bien poco.
Un par de tijeras filosas, algún remedio maldito convinado con trago y excesos. Una droga fuerte, una hoja de gillete justo en la muñeca, una cuerda resistente anudada bajo el parrón, los dedos en el enchufe y los pies en el agua. En fin, un programa de televisión y que tu marido se inscriba en un reality show de parejas.
Así, tal cual. Postulamos a ser el próximo comidillo de los programas televisivos que desmenuzan a otros programas televisivos. A ventilar nuestra vida conyugal más allá de este blog, a dejar a los hijos en las manos sobreprotectoras de mi madre y a que a vuelta de comerciales, yo le tire con una bandeja a la flaca que le coquetea a mi media naranja en el encierro.
La única vez que postulamos a ser parte del tinglado televisivo, fue hace unos 7 años atrás, cuando se trataba de conocimientos y cultura, estábamos pobres y las ideas no nos fluían de forma tranquila, así que fuimos a una prueba de cámara, respondimos a dos formatos insulsos de conocimientos generales y después de la entrevista con la productora, no quedamos porque yo no me callaba nunca (extraño, no??). A pesar de sortear las pruebas con cierta ligeresa, nunca me gustó el trato macabro que se les daba a los postulantes, algo así como rebaño tonto al que le repetían varias veces las mismas cosas, pasando por la humillación de que en cámara uno se ve como 5 kilos más esperpéntica y el foco diagonal le deforma la sonrisa y le hace más prominente la barriga.
Con aquella experiencia me sentí saldando la cuenta de mi estrellato y volví a casa mucho más tranquila y con la cabeza mejor dispuesta a encontrar soluciones más efectivas a la escacez económica que nos afectaba.
Nuestro paso por el canal televisivo fue como parte del anecdotario familiar por un par de meses y cuando salió al aire el programa al que postulamos, lo encontramos francamente muy fome.
Ahora, la tincada de mi señor esposo para volver a repetir la experiencia debe ser parte del proceso ilusorio de que yo soy muy entretenida por escrito, asi que valdría la pena de que Chile se enterara de qué pienso sobre la política, los partidos de futbol, la Carlita Ochoa y su autobiografía, el papel de pared del estudio y la píldora del día después. Arrancándome de cuajo de mi cómodo anonimato y mi maternidad florida de los post y la lectura fecunda de blogs ajenos.
No, no, no. Esta vez no peco y paso, aunque el productor del programa sea un amigo de un amigo y las posibilidades estén a nuestro favor, prefiero la comodidad de mi cama dos plazas a todo trapo, ya que el señor que me acompaña está en huelga y se ha quedado a dormir en el sofá hasta próximo aviso.


laveron dijo
juajua...¿de verdad? nunca podría tampoco. me moriría de la vergüenza!!!!.
29 Noviembre 2005 | 04:05 PM