Mi entrevista de trabajo

Ayer me llamaron para una entrevista de trabajo. Yo ya estaba acostumbrada a eso de levantarme en pijamas y sentarme frente al computador a escribir mi post diario, a responderle a mis amigos (que ahora son muchos más gracias a lo del blog), a deambular en silencio por casa viendo como el día se daba la vuelta por sobre la ventana y el ciruelo, a escuchar los pasos diminutos de las viejas que salían a comprar el pan, los niños que jugaban en la calle y los pájaros que bajaban a lavarse las alas en los charcos que quedan en el patio con el agua de la manguera; por eso cuando me surgió este avatar de la nada, de la penumbra burocrática y perfídica de mis amigos que trabajan y se estresan, sentí que el equilibrio estaba irremediablemente roto.
Sé que soy buena en lo que sea, es cosa de que me lo proponga y tenga una calculadora a la mano, pero como no trabajo de manera formal desde que apareció la tele a color en chile, no sé como enfrentarme al reto sin estropear las posibles perspectivas del posible empleador.
Es decir, soy simpática, entretenida, divertida, jovial, lúcida, irónica, escribo de corrido, me sé de memoria los nombres de los tres últimos presidentes democráticos de chile, reconozco un cabernet sauvignon de un carmenere por el puro olor, estoy terminando de leer a Mishima, sé preparar té y huevos con queso, sé describir en inglés la arquitectura colonial, el paisaje y las altas cumbres de los andes, tengo buen ojo para el arte, puedo galopar a caballo sin sacarme la cresta, nado (bueno, tengo flotadores grandes), bailo y puedo hacerle a un gringo la estadía un deleite con todas las picadas y lugares inolvidables para visitar; pero no recuerdo como es que le hace una secretaria ejecutiva.
De sentarme en las piernas del jefe, ni hablar...pobrecito, se acalambraría. Las blusas que más se asemejan a las de las de secretaria en mi closet, no me cierran a la altura del pecho y hace tanto tiempo que dejé de hacer café, ocultar los encuentros clandestinos ante la esposa del gerente y cambiar la hora para el dentista porque había una reunión ineludible con el terror a la anestecía, que no sé qué tan apta puedo ser para el puesto.
Claro está que si me arranco de esta oportunidad es que la mitad de mi terapia no ha servido para nada y deberé enfrentarme nuevamente a mi dilema con "el tener" una y otra vez hasta que aprenda y entienda que por el camino informal de la economía sólo voy a lograr pagar un mes más de conección a internet.
Así las cosas, me he probado un sin fín de colecciones otoño, invierno, primavera, verano de la ropa que aún me queda( no deben olvidar que hace poco fui madre nuevamente, así que las caderas son aún más grande de lo que solían ser y los pechos mucho más voluminosos)y como el verde es mi color he decidido, después de innumerables paseos frente al espejo, qué ponerme para la entrevista.
Lo otro es consignarme entre esta hora y las cinco de la tarde, un resumen de mi vida profesional que no suene a fraude, la mejor de mis sonrisas y la más acabada deducción de que la lluvia de hoy se debe a los últimos estragos del efecto invernadero sobre el medio ambiente(¿?)...
De esta forma, espero que al menos quede claro, que aunque pobre, muy digna, y sin ánimo de ofender se hará todo lo posible por entrar en la fuerza laboral que engrandece el país y los bolsillos ajenos.


el inevitable anónimo dijo
Solo somos ejemplo si somos ejemplo para nosotros mismos...
24 Noviembre 2005 | 08:57 AM