Mi amigo, el que se casa!

El último matrimonio al que asistí fue al de Armando y Nelly. Se realizó en Peñaflor, en el patio de la casa de la novia y aunque no pude quedarme a la cena, como nunca antes los votos matrimoniales me sonaron tan ecuánimes y sinceros cuando ambos los recitaron al unísono y para que toda la concurrencia diera fe que lo de ellos era de verdad, cierto.
Yo no creo en el matrimonio, es decir, en términos formales de presentarse ante el oficial para que la parentela se abanique con el hecho de que la hija de ahora en adelante será una señora respetable y encausará su vida. Por eso, cuando me llamó mi amigo Osvaldo para decirme que se casaba y preguntarme qué pensaba yo al respecto, no supe como deshacerme del cachito y quedé de responderle por mail.
Hace exactamente un año atrás, sentado en el sofá de mi casa me decía que él no comprendía a las mujeres, que le parecían seres muy raros con una voluble y victimizada forma de enfrentar la vida; mentirosas y oportunistas que, a excepción mía por suerte, no se les podía confiar nada porque eran incapaces de razonar bien y de actuar mejor.
El, acostumbrado a lidiar con sus abejas, a preocuparse de la reforestación con especies nativas y la tesis del desarrollo sustentable en la pseudomodernidad del campo chileno, aquilataba con más gusto un buen par de gallinas en la olla que la compañía de una mujer; pero en marzo, cuando su madre debió contar con los cuidados de una enfermera personal, el panorama le cambió.
Ella "no era la gran cosa", textual de boca de mi amigo, pero además de ser muy buena con su madre (valga una teoría personal al respecto. Dos formas de entrar al corazón de un hombre: la madre y el estómago)era muy razonable.
Yo intuí que la cosa no estaba del todo bien cuando la llevó a conocer las abejas y me olió peor cuando me pidió que no fuera a su casa sin avisarle porque su "amiga" podía ponerse un poco celosa.
Acostumbrada a la amistad libre preferí guardar silencio hasta que Osvaldo reaccionara y comprendiera que nuestra caminada compañía por cerros y quebradas valía mucho más que la "Enfermera Corazón".
Sin embargo, y como ya ha ocurrido otras veces, mi amigo entró en un camino sin retorno.
Enamorado él me pide consejo sabiendo de antemano que lo que yo diga, por más sensato que sea, será desechado como sus esquejes flojos que después del tratamiento no logran arribar.
Así que siento que lo más honesto es que deje este post hasta aquí y vaya a ver en mi closet a qué prenda le hecho mano, para lucirla con las puntillas negras y el chal rojo que aún guardo del último matrimonio al que fui.
Ah! y bueno, el mail para mi amigo dice:
Querido Osvaldo: R.I.P.!!!!!!!!!!!!!!!!!


laveron dijo
es una afición mundial...una especie de libreto de la vida que algunos se imprimen. Y mira que soy casada. no lo digo desde la montaña. pero miro a mi alrededor y veo gente casada como un hecho fatalista. presos de un destino. no sé, la gente prefiere caer dentro del ropaje que elegirlo.
22 Noviembre 2005 | 03:05 AM