Esto de ser Chilenos
Vengo de uno de los paises más australes del planeta, una larga concatenación de volcanes, desiertos, salares, valles, montañas, bosques y estepas de fin de mundo que alberga a un abigarrado nacional de 16 millones de almas un tanto a la deriva, como cayéndose del mapa y devaluando la autoestima de sabernos al final, al fondo, casi al margen de la real dimensión de nosotros mismos. Ufanos y merecedores de un montón de símbolos de dudosa y contradictoria cuantía: la Bandera más bonita del mundo, la segunda canción nacional del planeta, los triunfos morales, la fuerte herencia del aguerrido pueblo Mapuche,
los ingleses de latinoamerica, la innegable educación cívica, el estado de derecho, la impecabilidad de nuestras paradas militares, la picardía ladina de nuestros campesinos, la destreza porfiada entre gásfiter y maestro chasquilla, la subida por detrás para no pagar el pasaje en las micros, el perro muerto en el restaurante, "como quieren en Chile al amigo cuando es forastero",el odio a los peruanos, las mujeres más lindas, los vinos más guenos, el fin de semana en Cachagua, los viajes a Buenos Aires para Fiestas Patrias, El Rodeo Chileno,
el Colo-Colo y la Copa Libertadores, La U, romántica y viajera, el tarro de Leche Condensada con dos agujeritos para chupetearlo hasta el fondo, la luca que nunca pagamos, la verdad que nunca decimos y la puntualidad de entre ocho y ocho y media que termina siendo a las nueve; entre otras miles de taras y trancas nacionales que conservamos con orgullo y vehemencia casi irracional.
Ser Chileno es como ser habitante del orbe, claro está, pero como tan a tras mano, tan al final, en el culo, que nos hace vernos como parte de una raza impía que sobrevivió a la asolada de los Indios, a la falta de víveres, a todos los terremotos civiles y terrestres, al Golpe del 73, al brutal impuesto al libro, a las trece horas de vuelo para encontrarnos con el mundo "civilizado", a los mariscales, a las micros atestadas en la mañana, a la orda de Argentinos en el verano, al cuchiflí siempre insustancial y quebradizo en la playa,
a las longanizas de Chillán, a los hoteles 5 estrella en Vitacura, a Cartagena popular en febrero, al Enguindao, la calor y el voy y vuelvo, entre miles de otras manifestaciones paganas y divinas que tenemos presente cada vez que abrimos nuestras casas y pegamos dos escobazos tras de la puerta para que las visitas se vayan luego.
Somos, a las claras, un pueblo esforzado, austero y católico hasta que descubrimos que el libremercado nos ampara, que Miami está a un salto de avión y que el "resquicio legal" y el "espíritu de la ley" toman cuerpo y sacristía desde el bautizo a todo trapo o la novia, que embarazada, igual se casa de blanco.
Somos "ladinos", algo así como cínicos simpáticos y socarrones que jamás enfrentamos las verdades frontal y dando el pecho; peladores del detalle, la falencia, el defecto y la desclasada. Nos creemos intelectuales si compramos "El Mercurio" todos los domingos, si vamos al estreno de "Carmina Burana" una vez al año, si tenemos Discovery Channel y People and Art en el abono del cable, si nos compramos los Clásicos de la Literatura en Franklin,
para adornar el repisero de la sala, si sabemos otro idioma, si alabamos nuestros vinos aunque nunca salgamos del "120 Tres medallas", si recordamos un par de poemas de memoria de nuestros nobel Gabriela y Pablo, si hemos leido "El Quijote", "La Amortajada", "Coronación" y "De Amor y de Sombra", si nunca vemos el "Festival de Viña del Mar" aunque nos enteremos por la prensa, la televisión y la radio de lo que ahí ocurre; si alguna vez ,en vez de casacas de cuero y ropa, trajimos libros desde Mendoza, si nos paseamos con el amigo gringo por "La Moneda"
contándole que este es un palacio del mejor estilo clásico y barroco como los Romanos, si fingimos entender el Ciclo de Cine Arte del Centro de Extensión de la Católica, si ojeamos las páginas de "Artes y Letras" cuando vamos en el Metro, si hemos visitado Isla Negra, "La Chascona" y "La Sebastiana", si compramos un afiche de Somerscale o Matta en el "Bellas Artes", si conservamos alguna bandeja de plata que nos heredó algún tío solterón que estuvo de embajador en Europa, si asistimos a misa de doce y veraneamos con el último tomo de "Harry Potter" o Cohelo bajo el brazo.
Vivimos de la depresión, el stress, el clasismo y la envidia tan mal disimulada debajo de los Rayban de la cuneta. Estamos absortos en temas como la delincuencia, la falta de oportunidades, la gran brecha de sueldos y desigualdad social, pero nos quejamos si debemos levantarnos tempranos para ir a votar en las elecciones,
si debemos leer más de una página para saber del proyecto de gobierno del candidato de turno, si debemos debatir con los amigos o tomarnos una foto con el político por el que nuca votaríamos.
Estamos condenados a aguantarnos los unos a los otros, a juntar kilómetros en el LanPass para largarnos cuanto antes, a tomarnos los antidepresivos y a conformarnos con las aguitas de yerbas después de almuerzo.
No nos "creemos el cuento" ni confiamos en nuestros talentos, no sabemos cuanto nos admiran afuera y a como cobrar la inventiva de nuestros negocios o de nuestro "capital humano". Nos aterroriza renegar de nuestras madres, maldecir a la iglesia, declararnos ateos, esquivar a las gitanas en medio de la plaza y saber que nuestra hija va a ser "madre soltera". Sin embargo, nos hace feliz un gol de La Roja,
el Top One del Chino Ríos y las confesiones de la Bolloco en cadena nacional.
Nuestro día a día parte con la marraqueta con margarina, el cafecito en la oficina, el té con pan con palta y cecinas a la "Once" y la sopa de sobre para la noche. Cero ejercicio, cero drama hasta que nos topamos con las sungas brasileñas y los bikinis del Mar del Plata.
Nos entretenemos con poco y hasta festinamos de nuestras desgracias, somos solidarios, aperrados, ilusos y fatales, pero con dignidad y buen comportamiento esperamos el día del juicio final en que nos ascenderan a los cielos por el sólo hecho de ser Chilenos.
Somos complejos, pero indudablemente ricos al momento de recorrer el territorio, de sacar a flote nuestra chispa y de mostrar nuestro cielo azul, nuestras costas eternas y nuestros Andes prodigiosos
Somos, también, latinoamericanos, pero como si no lo fuéramos, porque desde este lado todo tiene un caríz distinto, un reflejo más oblicuo, un color más dulce y solitario, silencioso, puro y original que nadie logra entender del todo a menos que sus primeros pasos hayan sido en la costra dura y ceniza de la larga y angosta faja de tierra llamada Chile.


álvaro husap dijo
hoy y contigo: lloré.
Vale.
2 Noviembre 2005 | 10:38 PM