Descabezado, el volcán del sueño infinito.
Domina el valle central justo frente a Talca, en su imponente arrogancia de 3800 metros sobre el nivel del mar.
En noches claras es posible ver sus fantasmagóricas elucubraciones de rayos y cenizas encandecentes mientras voy de la última parranda a casa, sin embargo no se escucha su rugido y casi siempre duerme con un ojo abierto y el otro cerrado.
En 1938 dicen que hizo su último estampido por la ladera sur, arrojando desde su descabezada cumbre lava, piedras y un reguero de oscuridad que a los años sembró el valle con la fertilidad inusitada de tomates gigantes, melones como sandías y viñas cuajadas de racimos olorosos.
Semi nevado desencadena el fervor estrepitoso de las aguas del Claro en primavera y baña generosamente los campos de frutillas, los maizales, las papas, los kiwis, las peras, los manzanos, las viñas de tinto y los pies de los niños pobres que en el Maitenhuapi hacen del verano un festín.
Con esa sólida algarabía de peñascos y deslices de lava dura recibe a los gringos que se aventuran a pie o lomo de mula por sus laderas, y en su ojo siempre vigilante guarda un libro antiguo y descamado donde anotan su llegada los Roger, Smith, Laguna, Obando, Muller, Perez y otros.
Parece un gigante dormido, amodorrado al lado de su abuelo el Quizapú que por viejo y olvidado ya nadie reconoce como el gestor indomable y furioso del valle del Maule.
Los Andes es su madre y nodriza que lo deja a cargo del viento que busca desde el océano Pacífico su salida hacía el oriente, pero él, obstinado y perpetuo lo detiene y lo devuelve en Puelche hacía los dominios de robles y arrayanes humedos, helechos y copihues.
A su costado izquierdo está el enladrillado misterioso y mágico que con su pared de rocas meticulosas y olvidadas por Inti, sólo contribuye al mito de los Andes centrales y el cosmos.
Cuando atardece desde el oeste, su cara visible se torna roja y delicada como de campesina dejándose conquistar, pero con la noche obtusa y silenciosa todos aseguran haberlo visto en pactos con el demonio.
No importa si es cierto, si ha firmado la cuenta del valle con lágrimas de sulfuro y azufre, con lluvia negra y estertores de lava calcinante, con la venganza del nuevo siglo, porque ha sido nuestro destino, nuestro referente de que la eternidad no existe, que el espacio es una mera ilusión de nuestros cortos pies. El domina, manda y cumple la sentencia mientras las hormigas seguimos afanadas en nuestras diminutas vidas.


José Luis Ávila Herrera dijo
Hola Marcela!
Estuve leyendo tu espacio y tu perfil.
Me ha llamado mucho la atención el notar esa permanente necesidad de saber que te estamos leyendo.
Pero no te basta saber eso, necesitas ver letras como estas escritas.
Mira Marcela; Yo tengo más de 10 páginas en internet y al principio, nadie dejaba mensajes y llegué a pensar "Para qué tanto escribir, si nadie opina, si nadie dice nada".
Sin embargo, poco a poco me he dado cueta que no lo sabermos, pero hay mucha gente que nos lee.
Aunque claro, son muy pocas las que nos escriben.
Ten pasciencia, calma, serenidad.
Yo te sugiero no escribir esperando que caudales de lectores plasmen en tu blog comentarios, hazlo para distraerte, como tú lo dices para mantener ocupado a un espíritu inquieto.
Si alguien le nace el deseo -como a mi- de dejarte unas palabras, qué padre, de lo contrario que nos baste saber que hay muchas personas que nos leen.
Te dejo un enorme saludo, un abrazo, una de mis páginas y mi correo por si deseas charlar conmigo.
*Desde la Ciudad de Xalapa en el Estado de Veracruz, México
www.novedadestecnologicas.blogspot.com
picaysabe@hotmail.com
12 Octubre 2005 | 05:10 PM