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La Coctelera

Nadie me escribe!!!!!!!!!

Una eficaz forma de comunicación?????????????????????

20 Noviembre 2009

Human Touch

Metida entre mis cosas, que aparecen ser las cosas de la negocia, las cosas de producir y rendir cuentas al infinito, de los más mínimos actos de mi visceralidad empresarial, con la misma pasión que enrostraba la pluma y el puño hace como tres años atrás. Con esa desmedida suma de los días en que la realidad abrupta me pone a responder mails de trabajo y nada de contacto real, del vericueto ensordecedor de una prosa sanguinaria y libre, de un reguero de sensaciones y matices corporeos puestos en el papel de mi vida.

Entonces, después de haberlas visto muy coloradas, de haber aprendido a sufrir en silencio los infortunios y las maldades de las personas que me rodeaban, de reconocerme mínima y fortalecida por algún tipo de extraño influjo de fuerza y corazón con cabeza fría, veo que el Human Touch me falta, que necesito los corporales de este espacio que retroalimenta mi ego, que me hace subir y bajar escalas del universo, desatada y maravillosamente vital.

Están los dos putos libros y claro que me quiero marchar, claro que quiero dejar la cuerda floja del observatorio y plantar mis pies en tierras donde la fecundidad no moleste y simplemente sea uno por sus gracias, por los dones dados a la bajadita de los cielos. Con la capacidad de multiplicarlos a pesar de las dudas, los resuellos, las lastimeras configuraciones de un alma achurrascada de humo de cigarro y mala disposición.

He aprendido, nunca dejo de hacerlo. No pesa en mi espíritu el haberme equivocado tanto y el seguir persistiendo en lo mismo, pero hay días que quisiera mi sagrado desayuno con estas letras, con este vaporizar mis horizontes siempre más allá de donde llega el simple sueño de atravesar las distancias, de volcar las pasiones por sobre las letras, de dejar correr el flujo del verbo.

Me hace tanta falta volar, lo reconozco. Reconozco que muchos viven sus vidas apretujando los entrecejos y atando el cuerpo a algo tangible como la tierra, como la familia o bien, como las inmundas pertenencias de dos sillones y una cama desvencijada. Cobros infaustos para rematar cualquier bruma de esperanza. Pero yo no soy así, no quiero volverme vieja y desértica con el corazón apuñado y la risa retorcida, con los ojos vidriados de no querer ver la bondad donde se encuentra.

A pesar de los negocios, me gusta sentir que soy la misma de siempre, que seguiré siendo la misma cuando comparezca en letras toda la vida que me toca. Todo el universo que atravieso con solo dejarlo por escrito.

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18 Octubre 2009

Cuando tu no estabas...

Cuando tu no estabas me vino una cruda borrachera de recuerdos brujos, de una Sierra que no encierra nada, de un viento frío en la cima adormecida de una de tus tantas montañas, de esos parajes verdes de sol y lluvias congeladas en la retina negra y perpleja de mis ojos. Recordando el verdor incendiario de los tuyos.

Te dije más de una vez que esto no se iba a acabar porque nos pusiéramos de acuerdo, que el corazón no se iba a detener en el mero recuerdo de unos días precipitados y compartidos al amparo de todas nuestras vidas, de un infesto libro que grita desde el fondo cuanto te ame, desde estas palabras que alardean de un espacio que no es infinito y de una necesidad de tocarte de alguna forma.

Pienso si pensarás en mi... yo pienso en ti muy a menudo, sobre todo desde que estoy metida en el campo, viviendo al frente del Descabezado, respirando pajaritos, escuchando el fulgor de las florecillas de primavera, ardiendo al sol de la media tarde, al final del vergel, donde los niños han instalado su "isla" rodeada de dos canales y un árbol esplendoroso que aroma los juegos. Pienso en ti a cada rato porque mi corazón te pertenece aun.

Es cierto, comparto mi cama, mi cuerpo y mi vida con el Gringo y creo que ahora va a ser para siempre, pero lo que estuvo prevalece por entre la bruma de la distancia, por sobre el silencio de estos arrumacos australes, por sobre la poesía de mi vida.

Nunca había amado como te he amado a ti, tampoco espero volver  a hacerlo. Te extraño, y extraño no estar enamorada del único hombre en mi vida que me ha hecho sentir la felicidad más optimista y la angustia más devastadora de todas. Me hacen falta tus palabras y tus desasosiegos, tus carreras al ciber más cercano para arrancarle a la monotonía de una vida que estaba bien, pero que no era suficiente. Extraño poder abrazarte en la distancia y decirte al oído que has sido el mejor regalo de locura y pasión, vivido al filo de la legitimidad, en la árida y seca tierra de Castilla y León.

Mi abuelo vuelve a mi desde mis recuerdos de niñez, con su guiño y sus frase de que Salamanca no presta, lo que la natura no va a dar. Debí haber aprendido esa lección antes de ir a encalillarme de amor a la mismita sierra de los toros de testículos grandes, en los carteles del camino, del viento frío y solitario susurrando mi nombre en Toro, de la angustia vivida en una habitación en Camino de Ledesma, donde cada noche lloré por los sueños rotos, por la estupidez latina de creer que basta el corazón para tenerlo todo.

No creo haber muerto nunca a la esperanza que al final, se podría salvar el cielo y los augurios de maldad y desdicha quedarían para otros, para los que no le han puesto empeño a nada en la vida y lo tienen tan fácil igual. Pero no fue así y la rueda del destino agarró mis pies y mis manos y dió tumbos ciegos hasta tomar la brújula chueca de mi vida y por lo mismo, aquí estoy, sentada en mi vieja casa del campo, de adobes botados, de aroma a libertad, primavera generosa, rocío de mañana, plegarias al viento de noche.

Cuando tu no estabas ha pasado nuevamente el vendaval, las columnas hipnóticas  del rayo y el trueno sobre las nubes negras de la noche, el dorado fulgor de los atardeceres y los treiles chillones anunciando la lluvia, el espasmo ductil de reclinar mi cabeza frente a la chimenea y verte en la distancia.

Saber a qué saben tus besos y a como se curva tu espalda cuando me hacías el amor...

Cuando tu no estabas, ha pasado nuevamente la vida con su marcha impúdica y maliciosa, agrandando las latitudes, dividiendo los sueños, atajando vuelos nocturnos de madrugadas al otro lado del atlante rechinar de una cama, de una vida que se vuelve más serena, más ordenada.

Cuando tu no estabas, no ha quedado otra que echar a andar, mirar al frente y recordar con ternura tus manos, tus dedos largos acariciando en los lóbregos cuencos de la tarde, mi cabello ensortijado, suponiendo mi boca y dejando atrás la calidez de los últimos momentos.

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3 Octubre 2009

Tanto tiempo

Extraño tanto poder despertar cada mañana y sentarme junto a la ventana, prender mi computador y antes de despacharme el café o el té rojo, haber escrito en este espacio el comejen que me machuca en la mollera.

Pero al parecer, lo dejaremos para nuevas ocasiones, porque ahora, me ataca el trabajo hasta un sábado que debería estar dedicado al único placer honorable un día sábado. Remojar la chalupa, poner en reposo el espíritu y dejar que divague la conciencia.

No he tomado vacaciones en un largo tiempo y ahora, todo me pasa la cuenta porque no quiero trabajar otro sábado, a menos que me vayan a pagar muchísimo dinero o me vayan a asegurar que el lunes y el martes serán míos para siempre.

Creo que he perdido hasta el mágico toque de mi pluma y un libro y medio yacen mudos testigos e indiferentes, porque me he vuelto un mono sobredimensionado de una patilla llamada turismo.

Todos quieren bailar conmigo porque aparezco inteligente, cuando en realidad lo único que a mi se me antojaba era llevar adelante un par de ideitas, nada tan pretencioso que los cuernos con poder agarraran papa y me comenzaran a pedir de todo.

Pero en fin, sin querer y queriendo tanto ahora tengo lo que hubiera querido hace mucho. Aunque parezca contradictoria, llevar la porfía hasta el estado lamentablemente en que se encuentra mi achaparrado corazón, no era el tipo de monedilla de recambio que estaba dispuesta a pagar, por hacer contubernios con el diablo de cachos de oro. Pero aquí estoy, trabajando un puto sábado en la tarde, cuando debería estar sentada frente a mi ventana, viendo los pajaretes anidar en la corniza, susurrar el viento sur en mi puerta y extender las alas para soñas y solo soñar con aquello que estuvo y se fue como vino.

Me hace falta la retroalimentación del anonimato de figuras que en algún punto, dejaron de ser anónimas. De aquellos aparecimentos en mitad de la noche, porque en las latitudes del olvido ya era mañana recorrida. Me hace falta un poco de influjo malsano de dichas prostitutas, de conflagraciones del misterio y la necesidad de estar acá y no allá.

Escribo ahora porque necesito una escapatoria, un recurso mortuorio antes de morirme deshecha de ilusiones, deshabitada de este rebajar la pluma a punta de torrentes sanguineos.

Debe ser que corre un manantial seco por mis venas en estos momentos, pero me siento estrujada, dobladillo descolorido de una sonrisa hermosa, de unos ojos encantadores, de un metrosesentaiuno encumbrado para ver el mundo, para parada en la punta de los pies, alcanzar con las manos sueños de amores imposibles.

Hace tanto que no me rio con ganas, que no se escucha el chisporroteo cantarín de este apretujo austral, que me estoy preguntando si no habré muerto ya y estas son simples tentaciones de mortalidad, cuando un cuerpo menudo permanece al final de un cajón de palo...pero no podría ser, porque al menos, si me voy, que me lleven los mil demonios, pero quiero irme hasta la punta del volcán, hasta la cumbre del Descabezado, para ver con los ojos tiernos y los cabellos negros, el destino de este valle, de este pedacito de tierra del fin del mundo.

Hace tanto tiempo...que me pesa en los hombros, que se arrastra en mi espíritu la necesidad por escribir..o escribirle.

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17 Septiembre 2009

Las Razones

Leo que hay aniversarios. Yo tambien tengo el mio.  Hace un tiempo que escribo en La Coctelera por variadas razones y de variadas formas, bajando y subiendo el tono, apresurando los pasos y deteniendome a meditar sobre los valores, las antropofagias del cerebro y los latidos de mi corazon.

Ha sido vital esta existencia entre estas cuatro paredes, ha dado tanto jugo que hasta un amor con todas las ilegales formas del desespero, dio frutos absolutamente inesperados al otro lado del mar. Vuelos intercontinentales a fuerza de escribir, de emplumar la pluma y la vena hacia el infinito y sin limites.

Nadi pudiera dar credito que dentro de la verbalidad de los sentimientos, se abrio otro universo, otra paralela coaccion de mi cuerpo puesto en letras, en literales movimientos de las alas de mi mariposa.

He sido totalmente yo, absolutamente yo...porque este espacio es finalmente el yo, puesto al ojo avispado, dispuesto para que solo algunos descubran los tesoros, las pimientas, los vericuetos y retruecanos de un alma, de unos grandes ojos negros y mil historias para contar.

Hay deudas que me quedan pendientes y solo aquellos a los que les corresponde cobrarlas, estaran dispuestos a recibir en pago estas pocas letras, escritas ahora desde mi nueva casa en el campo. Claro, porque si vamos a estar de atrevimientos, hay que volver donde esta el origen de mi sangre a sentir el olor a tierra, los pajaritos cantando, el perro que ladra a los caballos, en fin, este pedazo de tierra en Pequenes, mirando al volcan, apaciguando las horas con el resplandor de la primavera que ya se asoma.

Siempre he sido de cambios radicales, nada de dulces agonias y de largas esperas. Aqui estoy como siempre, escribiendo desde donde mi cuerporegistrael paso del tiempo,de las historias,de los bellos deseos.

Celebro un nuevo aniversario escribiendo.

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4 Agosto 2009

Nostalgias de lluvia

El viernes me voy a vivir al campo. Es una aventura porque no me imaginaba que en menos de un parpadeo, la bucólica expresión de mis sueños estarían a la mano.

No me imaginaba, como no he logrado imaginarme tantas cosas y seguramente, me gustaría dejar la chalupa quieta y el alma dispuesta para sentarme en el corredor de la casita de campo, a sentir la briza frugona y los marchitares colibries que pasan raudos hacía el poniente.

Me imagino que en las tardes, cuando el sol vaya perdiéndose, veré a mis hijos corriendo por el patio del fondo, perseguidos por un perro lanudo y un gran pastor alemán, fiel como la más fiel de las almas. Sacaré mi máquina de coser y haré maravillas para los regalos de la pascua, arrelingaré las cortinas y volveré a bordar a punto cruz las toallas. Algo me indica que con mi computador tendré solucionado el tema de los libros que vengan, podré sortear sin problema la historias que se agolpan piñiñentas y sofocantes, por tratar de parar empresas multimillonarias.

Me gusta tan sólo pensar en la simpleza de una vida que supongo, viviré con el ritmo de la naturaleza. Todo quedará más lejos, pero a la vez mucho más cerca de lo que necesita el espíritu inquieto.  Un refugio al fin, una casa cubierta de sueños y enredaderas.

Me gustaria, por lo tanto, poder cruzar nuevamente las fronteras de eses espacio maldito llamado Atlántico y contarle. Contarle de que la ventana de mi habitación da hacía el volcán decapitado, que los adobes centenarios rechinan y las tejas de cerámica cocida, no dejan entrar ni el frío ni el calor. Me gustaría tanto poder invitarlo a volar conmigo por sobre esos campos, con la florida manutención de las palmas chinas y el canal lleno de patos, mientras el Migue me dice que vió un pescado y el Joaquín se ríe de lo lindo, con sus flores y sus lavandas.

Todos en un reino simple, limpio y dulce, como estas nostalgias de lluvias vividas en otras circunstancias, en otras latitudes donde mi corazón aún palpita, truena, evoca.

Esa necesidad de pertenecer y al mismo tiempo, abrir las alas para llegar mucho más lejos. Ese cerrar mis ojos y encontrarmes con los suyos...seguramente hasta que esté muerta, hasta que nada quede en este mundo de ambos, ni siquiera la historia loca de la España, ni los lamentos y los besos porque hay ciertos sueños, que no fueron posibles.

Ojalá él pudiera ver lo que yo voy a ver, sentir el olor a la tierra mojada y oscura después de la lluvia y plantar conmigo al sol, las nuevas ilusiones de nuevos sueños....pero esta es mi vida, tal cual a mi se me ha antojado vivirla.

Un abrazo en la distancia, me gustaría llegarte desde tan lejos y contarte que me voy a vivir al campo...

 

 

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31 Julio 2009

El Rulo

Entre la carretera 5 Sur y las cumbres de la cordillera nomenclatural, de una costa que ni se avista y que con dificultad uno percata en la distancia, atravesando el Río Loncomilla y acercándose a Cauquenes, en el medio de la nada estalla el Rulo.

Llano lamento del agua egoista que no baja nunca del cielo, de los espinos apuntando a las nubes que pasan y no dejan nada más que la esperanza de la lluvia, de los pajaritos cantores revoloteando en el pasto casi seco y de las parras en cabezuela, de la País que acá domina el paisaje, que marca la vida y llena artificialmente de líquido rojo, la necesidad de calmar la sed.

Es el Rulo extendido sobre Caliboro y Melozal, desde la punta del cerro Gupo y hasta la orilla del Loncomilla, por sobre las expectativas de la vida, de los caserones de teja y barro y de la piel rugosa del tiempo, entre la soledad y el astío de eternidad.

Mientras en la distancia, el polvo se levanta al paso de la vieja Ford de mi abuelo, carretiando entre viñas de País y Carignan. Con un canasto de mimbre con huevos y gallinas, con el termo de mi abuela y la manta de castilla. Mis ojos negros salpican el paisaje de verano, de calor insoportable y de higuieras fresquitas en que me regalan un vaso de agua de vertiente, heladita por el mismo refrigerio de la naturaleza. Mi abuela que me saca las chalitas y el río que corre bajo mis pies. Cuando la siesta de mi abuelo se termina debajo de unos sauces lloriquiadores, volvemos al camino y seguimos visitando a sus amigos, los dueños de héctáreas de soleaduras y viñas, de casas de adoquines y fuentes de aguas escondidas en la falda de un cerro, de los productores de carbón de espino y de los hornos para cocinar afuera, debajo del parrón y la enredadera.

Es el verano de 36 grados a la sombra y la imposibilidad de que nada de agua socorra los campos. De la chupalla florida de mi abuela y del ceño asegurador de mi abuelo, que le indica a sus amigos, que no desesperen por las parras. El clima siempre ha sido el mismo maldito infierno y los vinitos salen calduos igual, para el principio del otoño. Y por mientras, aguantarse las calores y los desesperos, que la vida siempre ha estado marcada en el Rulo por el agua, o más bien, por la ilusión de ella.

En Junio desborda el Perquilauquen, llevándose la casa de Doña Refugio y dos de sus vacas, pero dejándola intacta como los álamos llenos de hojas. Las perdices asadas al horno de palos de maqui, se bañan gustosas con un navegado de la estación mojada, hecho con las naranjas amargas y chicas del naranjo de Don Pedro.

El aguardiente destila en la trastienda de la bodega y mi abuelita alegra sus mates de leche con la segunda esposa de Don Segundo, mi abuelo se ríe y paladea las tiernas carnes de un chanchito nuevo, hecho en el fogón de la casa de Don Eustaquio.

Una amiga artista de la familia llega a cantar unas cuecas y cuando cae la noche, Melozal cruje con el viento y la ráfaga de lluvia que atraviesa el campo cantarín de felicidad.

Salimos a los dos dias de la casa de los Morales, tirando la vieja Ford con una yunta de bueyes, con dulce de higos y vino joven agazapadito debajo de la manta de castilla. El barro en las botas de agua y los bototos de mi abuelo, andariegos por los terrones desechos con el agua.

Siempre el Rulo vuelve a cumplir los ciclos y abandonamos el camino de tierra y las 21 vueltas mareadoras. Llegamos a San Javier a media tarde, cargando el ruido de las gotas, el color del paisaje reverdecido al fin, por la lluvia.

Volver atrás para saber que avanzo. No es una ilusión, lo juro. Ahí está el ancla de este corazón tan bullicioso, ahí está el Rulo con su calma, apuntando a mi cabeza.

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25 Julio 2009

Honor

Esta palabra, en épocas que otras toman vital importancia, parece no perder su sentido a pesar del paso del tiempo, a pesar de la resistencia de los materiales, a pesar de que parece mucho más fácil dejar de tener honor.

Si mi vida la resumiera como una novela, ahora se estarían viviendo los capítulos más truculentos de la trama, porque los que se decían mis amigos, han mostrado cuan afiladas tienen las garras detrás de mi. Cuan punzona es la cobardía de enfrentarse a los hechos, que prefieren lanzar estocadas desde la oscura infamia del deshonor.

Si fuera por dinero, me hubiera quedado pegoteada de alemanes y vendido mi alma al diabólico mal de las lucas. Cortado a retazos mi espíritu y rociado de hipocrecía el camino. Pero algo debe de haber dentro de mi, que por más buena que se vea el dorado fulgor de los fajos, no me he podido convencer de perder mi honorable y pobretona figura.

Lo de la pobreza material tiene fácil remedio, pero la pobreza de espíritu creo que es peor que un cáncer, porque finalmente no sólo extermina al portador, si no que ensucia y degrada todo lo que lo rodea. El egoismo, la avaricia y la desconfianza cumplen una ritual que no deja nada bueno a la vista y por lo mismo, yo trato de navegar con lo poco, pero honrado que tengo.

No debo partidas ni arreglines a nadie y es más, no vendería mi honestidad a nada y a nadie, porque mi naturaleza me dicta que sólo haciendo aquello que es bueno, voy a tener lo que es bueno de regreso a mis pies.

No me creo lo que no soy, pero tampoco dejo de considerar mis gracias floridas que alegran el alma. Tal vez mi transitar sea como micro de campo cargada de colores, achaparrada de bultos y contagiosa alegría, achicharrada de participantes en la fiesta del viaje, pero no voy a comenzar a cobrar por el placer, ni siquiera por el paisaje.

Pero me duele la traición en su más baja y funesta daga, cargada de mentiras, poblada de rencores disfrazados de amistad que no es tal. Sin embargo, yo también estaba en las sombras, aguardando el pasar de la vida cuando he visto el cortejo, cuando he apreciado en la distancia que el valor no se muestra, porque la artera confabulación persigue mis pasos.

El saber, de alguna forma me ha dado el poder inesperado de bailar un tango agazapada y en la sombra. Saber lo que otros no saben está ahora mostrando un resultante, una ruta que no estaba en mis planes. Sin embargo, no tengo más que honor para seguir adelante, más que la fuerza de mi corazón y una sonrisa abierta y franca.

Los que padecen de deshonor están allí, casi al alcance de mi mano, casi rozando mi piel con sus cuchillos, y a pesar de eso, las espadas pasarán blandiendo a mi lado, corriendo hasta la muerte, muriendo en el olvido de los rencores  no resueltos de sus vidas, nunca de la mía.

El cáncer de las mentiras comerá sus caras, someterá sus corazones a las aves de rapiña, a los soles latigantes de ser descubiertos, de ser puestos al descubierto por su falso honor, por sus podridas ventas de alma, al mejor postor que termina siendo siempre el mismo diablo.

Dejar ser la última rueda de la tramoya, dejar la piel en blanco y mis ojos abiertos. Todo pasa en esta vida, y yo voy a comenzar una nueva. No tendría entonces, por qué llevarme el rencor conmigo. Ahí están los que se dicen mis amigos, pero que no lo son. Todo volverá a su curso, tan pronto como queden atrás, en el camino.

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11 Julio 2009

Ordenar la vida

Bajo el precepto de estar en movimiento, mi vida ha sido un desbarajuste el más de las veces. Un desbarajuste programado eso sí, porque seguramente necesitaba todo este despelote creativo y toda esta locura poética para encontrar mi esencia, lo primordial, lo que me da estructura y coherencia.

He amado tanto y con tal fuerza, que en el camino olvidaba otras cosas. Nunca necesité un refugio en la tierra, porque siempre el acunadero lo encontré en los brazos de mis hombres. Uno a la vez y justo para lo que estaba necesitando. Sin embargo, el sentido de pertenencia en ninguna parte, en ninguno de mis muebles y mis bártulos.

No está mal andar de errante por el mundo, es bueno para el alma y para dejar de temerle a la inestabilidad de la vida, pero ahora necesito pertenecer. Necesito encontrar un sitio que sea mío, donde estén mis fantasmas y mis obras, donde lo único que me pertenece, deje de ser sólo la vieja máquina de coser de mi abuela y la vieja máquina de coser, de mi bisabuela.

Pero quiero pertenecer con todo, no quisiera dejar a mis hijos a una hora de distancia. No quisiera ver a mis nuevos amigos, tan sólo una vez al mes. No quiero estar lejos de mis epicentros, apartada de esos terrones de materia oscura, de los lechos de ríos con rocas suavisadas por el paso de las aguas, indeterminada a la vistade mi volcán de los mil descabezamientos.

Es cierto, puedo vivir en casi cualquier parte, pero hace mucho que busco un lugar donde todo quepa, donde todo tenga el justo cobijo que le ha faltado a mi divagar por el mundo, donde las paredes dejen de ser una amenaza y me sienta protegida, amada, retenida en un hogar porque es mi universo.

Ayyyy! la pura verdad es que no me quiero ir a Curicó, porque no se parece a los campos piluchos que a mi me gustan, porque tengo que comenzar a culebrear mis impertenencias nuevamente y porque mis hijos se van a quedar en otro lado. No es esa la forma en que quiero llevar a cabo estos nuevos sueños y aletear con estas nuevas y fosforecentes alas. Sin embargo, nunca me han tocado decisiones simples, puñales de limpia hoja atravesando la realidad, cuando se aparecen soles y sombras, barbaridades y metáforas, anaqueles y poesía.

Pero más que nunca necesito ordenar la vida. Botar aquello que no es mío, deshacer los nudos parentales de lo que debería haber quedado en el pasado, tirar a la basura lo que ya no sirve, porque por más empeños que he hecho, ya no va a servir. Dejar de llevarme mi hogar en la mochila y poner las patas en la tierra, afirmada al territorio de mis ancestros, soportada por una casa que sea finalmente, mi refugio.

He volado mucho por el mundo, acarriando tan sólo manifiestos de una vida, ahora necesito la paz, la calma, el pequeño espaci que me pertenezca.

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Talca, región del Maule, Chile
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Vivo al otro lado del mundo, reviso a diario mis mails (tengo 3) y sólo me encuentro con mensajes del estilo "homus erectus", "gánate la green card" o "saving loands". No creo estar tan sola porque soy muy divertida, inteligente y creativa, además que puedo hablar de cine, literatura, viajes, vinos y la vida. Espero que crucen la barrera del teclado y retroalimenten este espíritu inquieto. Creative Commons License
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